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Ríos de Arica y sus relaciones con la dinámica geo-morfológica de nuestro borde costero norte 
Renato Aguirre Bianchi 
lautaro@yahoo.com 
Arica 
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Litoral de Arica durante el Arcaico. Nótese que hace miles de años nuestro litoral debe haber tenido un aspecto algo diferente. Debido al conflicto de las placas tectónicas, nuestro continente avanza paulatinamente hacia el oeste y en el proceso el borde costero se va elevando. Varios miles de años atrás, nuestra Longitud geográfica debe haber estado cientos de metros más al oriente y el mar debe haber llegado, en una ligera estimación, por lo menos hasta donde hoy está la Catedral. No pretendo ser muy preciso en estas estimaciones, sino establecer que no podemos pensar que el Hombre de Acha y los Chinchorros pescaban en las mismas pozas que hoy conocemos. Por cierto que el  Morro de Arica ya estaba allí desde hacía 100 millones de años y algo parecido a la playa Chinchorro debe haber existido tiempo después debido a la desembocadura de los ríos, pues nuestros valles tienen un origen geológico también muy anterior al Holoceno (ver Geología). 
 
Río San José. En algún momento de los tiempos actuales, el cauce del río fue desviado artificialmente para desembocar al mar por donde hoy lo hace. Antes atravesaba lo que hoy es el emplazamiento de la ciudad, llegando al mar entre el Morro y la Estación de Ferrocarril, bajando entre Maipú y Chacabuco. aun quedan vestigios de su cauce, profundo y estrecho hasta la calle Lautaro (esos extensos hoyos vecinos a la rotonda de Azapa, a la Sede Saucache de la Universidad de Tarapacá y al estacionamiento anexo al Supermercado Santa Isabel, ex-Las Brisas) y ya en el actual centro la menor pendiente generaba extensas riberas de hasta 3 cuadras (de Maipú hasta Chacabuco), las que aportaban un buen terreno para experimentar con la horticultura hace unos 3.000 años. 
 
Ambas situaciones le daban a Arica una geografía muy diferente de la actual y es necesario considerarlas para comprender lo que la Pachamama le ofrecía a nuestros antepasados. Por lo primero los hallazgos de momias del Chinchorro están en el vecindario de la Avda. Santa María, en la calle Colón y en los faldeos norte del Morro. Los Chinchorros no vivían en la actual Playa Chinchorro como todos creen; la Arica de ellos era algo diferente a la nuestra... 
 
Información adicional referente a los ríos de Arica: el río Lluta y el San José. El primero tiene una hoya hidrográfica de 3.400km2, drena las aguas de Putre y parte de las del Altiplano Norte y no deja de escurrir al mar durante todo el año. 
 
El río San José tiene una hoya de 3.060km2 y sólo llega al mar en algunos años y durante el verano, cuando llueve con cierta intensidad en la Precordillera (Sierra de Huaylillas) y pueden pasar cinco o más años sin que eso ocurra. En épocas recientes sus “bajadas” más intensas fueron durante el verano del 2001 y el del 2011. 
 
Trayecto del río San José. Donde está el símbolo de fotografía (Copaquilla) se une con el casi-siempre-seco río Seco y allí se inicia el valle de Azapa (foto).
 
Las aguas de la cuenca que origina al río Lluta aportan humedad a los bofedales altiplánicos del norte de Putre y un caudal de agua de mala calidad para la limitada agricultura del valle de Lluta (un muy elevado contenido de boro). Una porción de ella se procesa (sin eliminar al boro) para aportar agua potable a la ciudad. El San José aporta agua a los poblados de la Sierra de Huaylillas y alimenta a la capa freática del valle de Azapa, sobreutilizada más y más año a año por los agricultores y la cual es la segunda fuente de aporte de agua potable para Arica (y no hay más). 
 
Hay una tercera cuenca que aporta agua al territorio: la del Altiplano Sur. De ella viven los bofedales del lugar y una ínfima parte del volumen de las precipitaciones es drenada por el río Lauca, que termina en Bolivia. Chile utiliza una parte de ellas (20%, unos 600 litros por segundo) desviándola a la modesta Central Hidroléctrica de Chapiquiña (10,2 MW de potencia) y luego para el regadío del valle de Azapa. Una inmensa porción del agua de esa cuenca simplemente desaparece a simple vista, se desperdicia simplemente y llega al mar muy por debajo de la superficie del terreno. 
 
Un cuarto aporte hídrico para Arica proviene de un lugar intermedio entre el Altiplano Norte y el Altiplano Sur: la cuenca que forma al lago Chungara, cuyas aguas nutren a la miríada de lagunillas de Cotacotani (foto) y desde donde se extrae agua para el regadío de Azapa. Así, los recursos de agua para la agricultura del valle de Azapa provienen del río Lauca, de Cotacotani y de la capa freática del talweg del valle. 
 
Para terminar con los recursos hídricos “oficiales” y más o menos conocidos de nuestra XV Región, hay que mencionar a las aguas que provienen de la Cordillera de más al sur del término de la sierra de Huaylillas (mapa) y que bajan por Codpa y su valle, sin llegar al mar y a las que más al sur nacen al oeste del salar de Suriri y ocasionalmente llegan al mar por la quebrada de Camarones. Estas contienen prohibitivas concentraciones de arsénico y no se utilizan como aporte a la irrigación de la Arica “geológicamente” genuina (valle de Azapa y delta del río San José) pero sí que de esas aguas depende la agricultura de Camarones y afortunadamente el arsénico no es incorporado por los vegetales que allí se cultivan. 
 
Y eso sería todo, según lo “oficial”. Todos esos aportes de agua dependen de las precipitaciones de la sierra, cordillera y altiplano, los que se producen durante el verano creando un fenómeno que localmente se denomina “invierno boliviano” (durante el verdadero invierno no llueve). Pero, aunque es sólo una suposición muy lógica, puede haber un séptimo y riquisimo recurso hídrico potencialmente utilizable para Arica y todo su vecindario: las aguas de la cuenca del Titicaca que simplemente desaparecen en forma misteriosa y parece que nadie se interesa por ellas. Más información al respecto en esta nota
 
Pues volvamos al río San José y veamos cuán importante es para nuestro borde costero norte. Cuando baja al mar con el inmenso caudal de los años 2001, principios del 2011 y diciembre de ese año (hasta marzo del 2012), o el más modesto de otros años, es lógico lamentarse que se pierda tanta agua en el mar. 
 
El río San José llegando al mar, año 2001.
 
Con un primitivo pero obvio argumento se dice que hay que contenerlas con un embalse en Livilcar para que nutran a la capa freática de Azapa y se dosifiquen durante el año para los agricultores. Buena idea (con cientos de reparos tecnológicos y un inmenso costo financiero: unos 47 millones de dólares, haciendo de él el de mayor gasto por unidad de volumen de débito de todos los que que están plenamente operativos en Chile). Pero, ¿son los agricultores los “dueños” de Arica o tienen una racional posibilidad de ser LA gran fuente de ingresos nuestros? Quienes viven del turismo playero parecen ser los que más se entusiasman con el proyecto, porque al llegar al mar justo en época veraniega y de vacaciones, el San José enloda y contamina a nuestra extensa playa estrella: Chinchorro-Las Machas. Y así, toda Arica clama por el embalse, pero... 
 
La Arica propiamente tal es un delta creado por el río San José por orden de la Pachamama. Ella sabe muy bien lo que hace e interferir con sus decisiones no es precisamente cuerdo, porque ella no tiene muy buen genio. Pues supongamos que le llevamos la contra y detenemos el flujo del San José en Livílcar. Aparte de que inundamos a un rincón paradisíaco, conseguimos más agua fácil de obtener de la capa freática sin intentar buscar y explotar las que provienen del Titikaka: pues eso vale, parece un buen aporte. Y los explotadores del turismo consiguen que las aguas y la playa del Chinchorro-Las Machas se mantengan limpias durante el verano: vale, buen aporte, pero suicida... 
 
Sucede que la hermosa playa que contamina el San José ¡es consecuencia de las cochinas bajadas del río! Eso transporta sedimentos que aportan arena a su extremo sur y mantiene el nivel de la marea algo alejado de las estructuras y establecimientos que sirven para el turismo. Y entre paréntesis, estando tan contaminada por plomo y arsénico la superficie del valle de Azapa a causa de los abandonados residuos de lo que fue una planta procesadora de oro en Copaquilla, no dudo que el río también nos aporta esos peligrosos contaminantes. 
 
Banco de arena generado por el descenso del río San José el año 2001.
 
Tras pocos meses esa arena llegó a la playa, incrementando su anchura. Luego, año tras año, las corrientes marítimas fueron desplazando a esa arena hacia el norte, adelgazando dramáticamente a la playa Chinchorro por la carencia de ulteriores aportes sedimentarios consistentes.
 
Complejas corrientes marítimas trasladan lenta pero inexorablemente a esa arena hacia el norte, engrosando al sector de la playa que no es turísticamente atractivo y sobre todo minimizando a las del Chinchorro. Pues supriman el aporte sedimentario intermitente del San José, agréguese a eso la mayor frecuencia y agresividad de las marejadas a consecuencia de los cambios climáticos globales y a años plazo se achica tanto la playa Chinchorro que el borde de la marea llegaría a lamer a los edificios, al complejo turístico, al que-nunca-debió-edificarse-allí hotel y termina por deteriorarse gravemente nuestra playa estrella, Chinchorro. Hay datos consistentes que muestran claramente que eso ya ocurrió en cierta medida durante los años de sequia previos al para los gestores de turismo playero “desastroso” descenso del San José del 2011. 
 
Por cierto, hay publicaciones científicas que se refieren al tema de los sedimentos transportados por los ríos San José y Lluta (como la de Campos y cols., “Aportes sedimentarios de los ríos Lluta y San José en la zona costera de la rada de Arica, Chile”. Isesia 25, N°2;37-48;2007, pero, excepto un informe del estudio del embalse que no presenta evidencias concretas al respecto, no encuentro alguna que se refiera a la dinámica de la playa Chinchorro. 
 
Mediciones basadas en fotografías satelitales, indican que más o menos frente al Hotel Diego de Almagro y a los edificios de altura que nunca debieron construirse allí por el problema del inevitable tsunami que nos espera (tema aparte), el ancho de la parte plana de la playa (”playa seca”, el sector utilizable para los usuarios), o sea desde su Línea de Borde Erosivo (donde la superficie comienza a descender oblicuamente hacia el mar) hasta su borde alejado del mar, disminuyó de 100 a 30m entre el año 2003 y agosto del 2010. ¡Por suerte que el río bajó cinco meses después! Si alguien les puede dar un buen uso, le puedo aportar fotografías que por sí solas demuestran lo que sucede en Chinchorro-Las Machas si el San José no baja por algunos años. 
 
La situación amenazaba con ser crítica en enero del 2011, peor que antes del 2001 y cuando por fortuna una inusual “bajada” del río generó al banco transitorio de arena: la Linea de Borde Erosivo estaba el 2001 donde lo señala la marca azul, aun antes de que el embancamiento se trasladara a la playa y después de eso creció tanto la playa que no hubo agua bajo el muelle. Pero hasta antes de la “bajada” del 2011 estaba donde lo señala la marca roja.  Por ahora y hasta que el cambio climático global lo permita, la actividad del río San José no sólo sigue un ciclo estacional, sino también uno más amplio, de varios años y el 2011 reaparece el río con todo su magnífico caudal. ¡Por suerte para el futuro de la playa que el embalse era aun sólo un proyecto! ¡Qué no deje de bajar con fuerza por varios años!
 
En definitiva, la Pachamama nos castiga si bloqueamos las avenidas del San José sólo para conseguir agua y tener por sólo algunos años una playa limpia pero destinada tal vez a desaparecer a consecuencias de su “limpieza”. Pero sin el embalse nuestros recursos hídricos actualmente utilizados son críticos. ¿Porqué no explorar seriamente los teóricos pero lógicos cursos subterráneos de la que se desperdicia del Titikaka? También hay cierta cantidad de agua explotable (aunque contaminada por metales dañinos) en la pampa por la que cursa el río Lauca al oriente de la sierra de Huaylillas y también muy cerca de la frontera con Perú y en ambos lugares hay pozos de exploración que lo demuestran pero que nunca han sido utilizados por oposición de las comunidades indígenas en el primer caso (temor a que se sequen los bofedales, tema que merecería un estudio profundo) y para el segundo, podría ser por temor a conflictos con Perú pues ellos sí que explotan el mismo acuifero desde su territorio. Pues bien, ahora que la actividad minera fronteriza del Perú, Minsur, utiliza abusivamente (según Chile) aguas subterráneas limítrofes que parece que ya en el año 2009 afectaban a los bofedales de la comuna de General Lagos cuyo centro administrativo reside en Visviri, parece que Chile no se atreve a utilizar el recurso acuifero vecino al Perú ni tampoco, en cuanto a Bolivia se refiere, se atreve a planificar los recursos hídricos de Caquena. El río Caquena nace en territorio chileno, en la unión de los faldeos del norte de los volcanes Payachata (al sur de éstos está el lago Chungara), fluye hacia el norte y tras unos 25km pasa a marcar la frontera con Bolivia, recibe el río Cosapilla que viene desde el oeste y pasa a llamarse Cosapilla y ya en territorio boliviano desemboca en el río Maure o Mauri y termina llevando todo su caudal a Bolivia. ¿Es que no sería legítimo utilizar parte de ese caudal para enriquecer el aporte hídrico de ese sector de nuestro altiplano?: pues no conozco lo que podría establecer el derecho internacional en esta situación pero, ¿acaso el Lauca no nace en Chile y se le utiliza parcialmente pese a lo mucho que reclamó Bolivia? Según el geógrafo especialista en recursursos hídricos, Alejandro Pavéz, unos ciento noventa y tres millones de metros cúbicos de agua chilena fluyen anualmente a Bolivia por los ríos Caquena y Lauca: ¿qué porcentaje de ese caudal podría utilizar Chile sin violar la jurisprudencia internacional? ¿Disponen las autoridades del dato concreto?: pues no cabe más que pensar que la respuesta es sí pero que “por prudencia”, indolencia o por el bien definido “complejo de culpablidad de Chile por haber sido el vencedor de la Guerra del Pacífico del siglo XIX”, Santiago prefiere ignorar nuestros derechos. Quisiera estar equivocado y ojalá alguien que entienda bien el asunto me ayude a seguir reclamando o me obligue a pedir disculpas. 
 
Claramente, la playa Chinchorro no es un atractivo turístico confiable durante el verano y existe sólo porque el San José la invade cada cierto tiempo. Asumamos eso y definamos con objetividad a nuestra oferta turística sustentable a decenios plazo. El único estamento ariqueño que parece comprender eso es el de una reducida fracción los surfistas, quienes intentan por todos los medios defender consistentemente a nuestro borde costero. 
 
Pues, aunque Arica tiene sed, nos ahogamos en un vaso de agua, creo. ¿Necesitamos agua?: pues busquémosla donde abunda, no donde es fácil y dañino extraerla. Por lo menos busquemos y si es posible explotemos el infinito caudal que drena bajo la tierra a la inmensa cuenca del Titikaka, o por lo menos hagamos una fuerte inversión investigando (¿vía satélites especializados?) si es factible tener acceso a ellas al costo que sea si es que lo que nos interesa es el futuro de Arica. Cantemos loas a nuestra playa Chinchorro por aportar a nuestra “eterna primavera”, pero  permitámosle que cada ciertos años el San José la reactive para la posteridad. El asunto es muy simple: o conseguimos agua fácil de extraer pero insuficiente (embalse de Livilcar) y nos quedamos sin playa Chinchorro a años plazo, o conservamos nuestro borde costero para el turismo de intereses especiales (surf) y para explotarlo 10 meses de cada año, o mejor, respetamos a la Pachamama y buscamos, para bien de los agricultores, potenciales fuentes de agua abundantes que simplemente se desperdician. O bien, amarramos al proyecto Livílcar a medidas paliativas que se explican más abajo. 
 
¿Agricultura o turismo de playa? ¿Cinco-diez años de playas limpias y luego la playa desaparece? ¿Tranque de Livilcar o exploración de fuentes más consistentes de agua? ¿Es que alguien ha pensado seriamente en esas alternativas?: Pues conozco a gente que lo ha hecho, pero la opinión pública maneja el asunto en forma muy ligera, desinformada y potencialmente peligrosa. Explotadores del turismo playero, algunos agricultores y gente común, todos creen tener una solución simple y primitiva para sus intereses. ¿Y cuándo se manifestarán los científicos y técnicos apolíticos de verdad en base a la evidencia que sobrepasa al más fácil, económico y dañino concepto de la oficialidad de todos los colores? Es que, simplemente, a Arica no se le permiten opciones que el inmensamente diferente resto de Chile acepta como la verdad absoluta. 
 
Es que la ineficiencia estatal y el no cumplimiento y/o inconsistentes promesas a Arica no constituyen una sospecha, son realidades consolidadas por nuestra historia posterior al último Gobierno de Ibáñez, con buenos-para-prometer Gobiernos de todos los colores. Voy a poner sólo un ejemplo de los varios elefantes blancos que nos han “regalado” nuestras autoridades (hay otros más recientes que la gente parece olvidar, pero que me hacen llorar): Aunque no tenga nada que ver con nuestro borde costero pero por tratarse lejos del único, el más grande, ambicioso y asombrosamente inútil tranque jamás ideado y constuido en nuestra región, dilapidanto inmensas sumas de dinero, es el tema del embalse de Caritaya como ejemplo. Terminado en 1932 (¿1935?) en los faldeos de la Cordillera al interior de Camarones para aprovechar y embalsar más de 40 millones de metros cúbicos de aguas cordilleranas (el embalse de Livilcar contendría sólo modestos 8 millones); aguas relativamente “limpias” y no inmensamente cargadas de sedimentos como las del San José, dejó de funcionar en la década de los ‘60 “porque se embancó con sedimentos” según alguien me dijo. Y esa magna obra quedó en el olvido hasta años después del inicio del siglo XXI, cuando el Ministerio de Obras Públicas, siendo Bachelet nuestra Presidenta de la República, destina 1.100 millones de pesos para que volviera a estar operativo el año 2008, o sea ¡40 años después de no servir para nada! Y resulta que pese a haber sido reinaugurado con pompa el año 2008 ¿ alguien sabe para qué sirve el embalse de Caritaya en al año 2013? ¿Fue acaso un proyecto destinado al fracaso o lo hizo fracasar la indolencia estatal en parte justificada por la crisis del salitre de los años ‘30? ¿Y los 1.100 millones de pesos? Pues “me contaron” que con ese dinero sólo se pudo retirar la cuarta o quinta parte de los sedimentos que había que extraer; se acabó la plata y eso sería todo: tranque bueno para mucho menos de lo que fue construído y por quién sabe cuántos años o decenios más, ¿o para siempre? 
 
Por cierto, en todo lo que se refiere al Caritaya, muchos personajes hoy anónimos metieron la pata a fondo, de una u otra manera y nadie conocido o reconocible es culpable de lo que sea que hizo fracasar a esa magna estructura y despilfarró tanto dinero de todos nosotros. Y más, si los sedimentos de aguas cordilleranas inutilizaron al embalse y por lo que sea los responsables no previnieron ni solucionaron el problema, ¿cómo se las van a arreglar con la inmensidad sedimentaria del río San José? Es que no basta con construir un discutible embalse: hay que mantenerlo y eso cuesta muuuuuy caro, hay que hacerlo a prueba del terremoto cataclísmico que nos asecha desde hace decenios y sobre todo, hay que comprender que se le está tratando de doblar la mano a la Pachamama y ella puede tener horribles rabietas si se le contradice. Y si de pronto nos llega el terremoto cataclísmico y el Norte Grande de Chile colapsa en todo (geología, finanzas y tanto más que da susto mencionar), ¿se abandonará el embalse para que se deteriore como la crisis del salitre afectó al de Caritaya, dejándonos por añadidura una playa muy deteriorada por decenios? 
 
Pero por sobre todo eso, hay que creer que las promesas estatales no se esfuman tras cada cambio de gobernante: es el País el que debe comprometerse con Arica y no sólo un dignatario estatal que sólo dura pocos años en su cargo y luego parece que se lava las manos porque (puedo estar equivocado) no hemos percibido que los que lo siguen se empeñen en que sus promesas se cumplan... 
 
Pues volvamos a lo del embalse de Livílcar, que supongo que es un atentado contra nuestra playa Chinchorro, uno de los orgullos de Arica. Y hagámoslo sin dejar de considerar cómo y cuánto Chile nos ha decepcionado por muchos decenios. Pues ahora tenemos “una nueva manera de gobernar”, dicen. ¿Significa eso por fin un trato justo a Arica? Bueno, a principios del 2011 estábamos en plena transición pero Chile no es Bachelet ni Piñera, es el ESTADO DE CHILE el que debe hacer bien las cosas más allá de los vaivenes políticos de gobernabilidad. Cierto, el tema del embalse es responsabilidad de Bachelet, pero lo prometió ejecutar Piñera. ¿Y con qué argumentos y estudios? Supongo que no será con los definidos por cuatro gobiernos de la Concertación y que nunca tuvieron resultados consistentes y que nunca se preocuparon por la magnitud de los residuos altamente ricos en arsénico y plomo abandonados en Copaquilla que han contaminado significativamente al valle de Azapa y resulta que el embalse estará a los pies de ese desastre ecológico, el que inevitablemente contaminaría a esas aguas. Ignoro si se ha considerado retirarlos antes de que el embalse sea una realidad. Otra poderosa razón para que la comunidad exija que todo lo relativo al embalse sea debidamente evaluado. 
 
Los residuos tóxicos de Promel en Copaquilla se marcan con un asterisco rojo. La línea oblicua verde marca el límite entre la Provincia de Arica y la de Parinacota. La fotografía satelital es de agosto del 2010. Nadie los ha tomado en cuenta desde hace 3 décadas...
 
Pero los proyectos estatales de este tipo dependen de sus expertos y de los personajes políticos que toman decisiones. Y en ese ámbito me hago la pregunta que sigue, simplemente porque históricamente el Estado no ha conseguido evitarla: 
 
¿Estamos dispuestos a asumir el riesgo de quedarnos sin la playa Chinchorro y las estructuras y estamentos que la aprovechan? Esa es la pregunta de no sé cuántos cientos de millones de dólares... 
 
Si de millones de dólares se trata y si, como se dice pese a todos los argumentos en contra, tendremos embalse antes de que termine el decenio, debiera ser obligatorio que el proyecto considerara la protección del borde costero. Aunque hasta ahora me he referido a la actividad del río San José como el único protector de la playa, cabe dejar bien claro que su flojera de los años anteriores no es la principal causa del deterioro de la playa. Éste se ha intensificado bruscamente en los últimos años por los cambios climáticos globales que generan más marejadas y de mayor agresividad y eso está afectando a un gran porcentaje de las playas del mundo. Siendo así, los aportes sedimentarios del río son insuficientes para reponer la arena y deben implementarse otras gestiones. En Chile, el caso más dramático es el de Maitencillo: se construyó un embalse, lo afectó el fenómeno global y se quedó prácticamente sin playa de arena. 
 
Algo más que prohibir el embalse se debe hacer y la comunidad debiera exigir que, con o sin embalse, se consideren las alternativas paliativas. Pueden haber otras alternativas de paliación, pero a simple vista la más atractiva sería la de los arrecifes artificiales. Estos son pequeños “islotes” artificiales que se sumergen (sin que alcancen la superficie del agua) y se instalan a cierta distancia de la playa, en ubicaciones bien estudiadas para modificar el régimen de corrientes marítimas costeras que transportan la arena. Los aceptables con la tecnología actual son fundamentalmente de dos tipos; pequeños y relativamente baratos (”rift-balls”) y otros mayores y de más reciente concepción, construidos de arena contenida por sacos geo-textiles que se instalan más lejos de la playa. 
 
Según dónde y cómo se instalen estos arrecifes pueden modificar el oleaje, generar olas artificiales y permitir que aumente espectacularmente el ancho de la playa, pero si no se estudia cuidadosamente su ubicación pueden deteriorarla. Y lo último es vital pues no hay datos concretos del cambiante régimen de corrientes costeras. Por eso, el primer paso es instalar sistemas de monitorización de la costa para obtener una base de datos objetiva de la realidad actual y futura (desligada del concepto convencional y de las simulaciones a las que es tan adicto Chile). Con esa información se pueden ya planificar racionalmente las soluciones paliativas 
 
Los arrecifes artificiales, al transformarse en casi verdaderos arrecifes por el poblamiento de especies vegetales y animales, modifican enormemente la biodiversidad del lugar y en algunas playas han llegado a ser un fuerte atractivo turístico para los entusiastas de la observación submarina. Y para extremar mis dudas en todo lo que se refiere a torcerle la mano a la Pachamama, ¿podría esa nueva biodiversidad atraer a nuestra costa a la no despreciable cantidad de tiburones que hoy se mantienen un tanto alejados de ésta? Chile tiene un buen nivel de profesionales y expertos cuyos ingresos no dependen de nuestro “pesado” Fisco: pues hay que atraerlos para que participen en las complejas deliberaciones que son indispensables. Pero antes que nada hay que implementar el sistema de monitoreo... 
 
He averiguado que en el año 2010 ya había unos 3.500 rift-balls instalados en unos 65 países (Ecuador, Guatemala, Colombia, Venezuela, México y algunos países del Caribe, para sólo mencionar a los de la América Latina). Y unos 50 geo-textiles, la última palabra en esta materia. El año 2011 Chile estaba listo para instalar algunos centenares de rift-balls en la Isla Juan Fernández, principalmente para la recuperación de las especies marítimas afectadas por la destrucción de los arrecifes de coral que produjo el maremoto del 2010. Para el Chinchorro, tema que debería ser meticulosamente estudiado, probablemente se deban utilizar ambas modalidades. Un cálculo muy ligero sugiere que la protección de unos 700-800m de playa costaría algo menos de dos millones de dólares. 
 
He visto fotografías de espectaculares recuperaciones de playas a uno o dos años plazo en algunos lugares, pero obviamente, cada lugar necesita ser meticulosamente estudiado. O sea, no es cosa de agregarle unos cuantos millones al proyecto del embalse y llegar y hacerlo no más pues es otro intento por llevarle la contra a la Pachamama. Lo que sí es cierto es que el embalse puede estar técnicamente muy bien definido en lo que a embalse se refiere, pero que no debería colocarse la primera piedra sin tener bien definido y YA FINANCIADO el proyecto de monitoreo y los eventuales arrecifes, si no hay otra mejor alternativa para salvar a nuestra playa. Es que me asustan las decisiones estatales en temas de esta naturaleza. Hasta donde sé o creo, en los estudios previos a la propuesta del embalse no se evaluó bien el “detallito” de la playa y consecuentemente es de suponer que nunca se consideró el tema de los arrecifes y eso es fácilmente obtenible vía Internet. Bueno, livianamente se propuso en algún momento, sólo para generar olas y sin saber del daño que generaría el embalse ni (supongo) conocer la dinámica de nuestra playa, la instalación de espigones en Las Machas, estructuras de piedras que sobresalen de la superficie del mar. 
 
Pues los espigones están obsoletos por problemas de seguridad de los usuarios si de generar olas se trata, costo, inamovilidad de su ubicación y creación de potentes vórtices turbulentos en sus extremos (como los del aire en los extremos de las alas de un avión en vuelo, por ruptura del flujo laminar), los que llegan a la playa si ésta es abierta y extensa como la del Chinchorro-Las Machas y la erosionan muy dañinamente. También he visto fotos espectaculares de este fenómeno. 
 
Y bueno, potenciar a Arica va de la mano con protegerla y si nadie se interesa en serio, o sea hace algo consistente para evitar el daño que políticos, religiosos y particulares le hacen a los geo y petroglifos y pinturas rupestres, pues pretendo incentivar a la comunidad para que evite que nos sigan dañando, esta vez en lo que se refiere a nuestro borde costero. Por cierto, me salí del la temática de este e-book y me disculpo, pero lo hice por mi tierra querida, Arica. No quisiera escribir en algunos años “yo se los advertí públicamente”... 
 
¡No más “detallitos” por favor! ¿Y cuántos otros quedan en el tapete referentes a temas acerca de los cuales no tengo información? Pero sí hay uno de ellos que es muy claro pero que cuesta explicar: el agua potable de Arica es horrible, con un alto contenido de boro (muy dañino para los vegetales pero jamás se ha podido demostrar que sea significativamente dañino para los humanos) y carísima, o sea CARISÍMA comparada con otros países. Y eso es porque nuestra mejor agua (el acuifero de Azapa) es abusiva, a menudo ilegalmente depredada y prácticamente gratuita para los agricultores. Y la agricultura que es harto poco lo que aporta a las finanzas de Arica, es lejos la mayor depredadora de los recursos hídricos de Arica y tiene magras proyecciones financieras futuras y es hasta subsidiada por el Estado vía aportes para la canalización del agua y la construcción de depósitos para el riego. No se entiende. Mayores detalles en “Los Mitos del Agua” (enero, 2012) y “Bajó el Río” (diciembre de 2011) en el mismo blogspot de Tomas Bradanovic. 
 
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