Los Primeros Americanos 
 
Renato Aguirre Bianchi 
lautaro@yahoo.com 
Arica, Chile 
 
Hasta no hace mucho los sabios occidentales contaban que los primeros inmigrantes que llegaron a América partieron del nordeste de Asia portando una tecnología paleolítica, hace algo más de 13.350 años (para exponer el punto medio del rango probable de 13.550 a 13.150 años). Esta y otras dataciones menores de 20.000 años que presento pueden ser mayores que las que figuran en la literatura, porque han sido corregidas a partir de dataciones radiocarbónicas, las que subestiman la antigüedad en años-calendarios. 
 
Individuos proto-mongoloides habrían atravesado el estrecho de Bering y llegado al norte de América atravesando Canadá entre 2 inmensos bloques de hielo que cubrían a todo ese territorio y formaron la identidad identificada como Clovis, caracterizada principalmente por sus puntas de proyectiles. Pero curiosamente, éstas son muy similares en forma, grosor y técnica de confección a las puntas solutrenses que se usaban en la costa atlántica norte de España hasta unos 4.500 años antes que las de América y se parecen menos a las de Siberia y Alaska, contra lo que sería lógico. Convencionalmente se sostiene que los Clovis poblaron el resto de las Américas, pero esta hipótesis se enfrenta a algunas evidencias discordantes y tampoco puede descartarse la posibilidad de que otros grupos humanos de diferente identidad hubieran llegado antes y/o después de éstos. Lo de las puntas de proyectiles plantea la hipótesis de que por lo menos unas de las vías de acceso a las Américas pudo realizarse cruzando el Atlántico persiguiendo focas en embarcaciones similares a las aque hoy utilizan los Inuit en Alaska y Greenland. Así habrían llegado a Islandia y luego las corrientes los habrían llevado a América del Norte. 
 
El principal atractivo de la hipótesis convencional (la de los Clovis) es que por entonces el estrecho de Bering era transitable (su fondo no estaba cubierto por el mar) y los glaciares que cubrían todo el territorio de Canadá, imposibles de atravesar, estaban en receso y se habría abierto un corredor transitable de norte a sur. Sin este corredor de 1.500km, esta vía continental se hace imposible y hay datos serios que sugieren que éste no estaba disponible sino hasta algunos siglos después de la más antigua evidencia Clovis al sur de Canadá. De lo que se trata es que la evidencia de los Clovis en América del Norte se remonta a 12.900-13.200 años y el corredor comenzó a abrirse hace unos 13.000 años. Y al comienzo, por lo menos hasta hace unos 12.600 años, esos 1.500km no tenían flora o fauna que hubiera podido alimentar a un grupo humano a lo largo de ese interminable y gélido trayecto. O sea, es cierto que los Clovis llegaron a Norteamérica, pero es dudoso que hayan llegado caminando por ese corredor. Una hipótesis alternativa es que ellos o quienes los precedieron llegaron bordeando la costa del Pacífico, como se muestra en la siguiente imagen: 
 
En amarillo, la propuesta ruta alternativa de los Clovis y sus predecesores desde Beringia hasta Norteamérica, Extraído de: http://www.sciencealert.com/the-first-north-americans-probably-didn-t-travel-there-by-land
 
Pero bueno, quedémos con lo convencional respecto a los Clovis. Ambas condiciones necesarias para una migración por vía continental pudieron haber ocurrido más o menos en la fecha en que se cree que llegaron los Clovis y también en dos oportunidades anteriores: más de 10.000 años antes y antes de eso, hace 50.000-40.000 años. Pero no hay en Norteamérica, por ahora, evidencias consistentes de una ocupación humana tanto más temprana. Dos de los posibles sitios pre-Clovis más notorios, Cactus Hill en Virginia y Meadowcroft Rockshelter en Pittsburg, tendrían una antigüedad máxima de 18.000 y 19.000 años respectivamente. En Cactus Hill se encontraron puntas líticas similares a las solutrenses y la antigüedad del sitio coincide con la época en que aún se usaban en España. 
 
Para los expertos que se aferran a la migración por vía continental no es posible aceptar la existencia de humanos que hubieran llegado a América antes que los Clovis. Pero de inmediato se plantean algunas interrogantes, como la escasa evidencia de antecedentes culturales de los Clovis en Siberia y que los restos óseos de los primeros americanos no tienen el aspecto mongoloide esperado. Por otra parte, la distribución de los sitios Clovis conocidos no es la que se espera de una migración de norte a sur y la Cueva Fell cerca del Estrecho de Magallanes muestra restos humanos de hace 12.800 años y puntas de piedra en forma de cola de pescado, diferentes a las de los Clovis. Cuesta pensar que en menos de 1.000 años los recién llegados nortinos se hubieran extendido a lo largo de 16,000 kilómetros de territorios vírgenes, con tramos muy difíciles para las migraciones. Además, esta ruta no es la única teóricamente posible. Las condiciones geológicas y los recursos alimentarios disponibles podrían haber permitido a gente del Asia central o sur (¿Japón?) llegar a la costa noroeste de Norteamérica hace unos 15.000 años por vía marítima, siguiendo el borde de los hielos. Esto no es descabellado si se considera que Australia/Nueva Guinea fué colonizada por vía marítima hace más de 40.000 años, pero no se ha explorado aun en profundidad esta interesante y factible posibilidad. 
 
Se plantea una aparentemente vía no continental, costera,  señalada en el esquema de más arriba. Cuando hace 17.000 años los hielos se empezaron a retirar de la costa nordoccidental de Asia, Beringia y América del Norte, es de suponer que se crearon espacios ecológicos basados en algas marinas, los que albergaban a una rica provisión de peces, mariscos y crustáceos. Ese borde costero está ahora bajo agua, pero utilizando una especie de dron submarino y otros recusrsos de la tecnología moderna se ha identificado a un campamento de cazadores de mastodontes de 14.5000 años en Florida. 
 
Como lo expresamos al inicio de esta nota, otra ruta de migración teóricamente posible parte del Cantábrico (costa atlántica norte de España) y atraviesa el Atlántico bordeando los hielos o navegando de un bloque gigantesco de hielo al otro, hasta llegar a la costa oriental de los EE.UU. de hoy hace unos 17.000 años. Esto explicaría el parecido de las puntas de proyectiles Clovis y de Cactus Hill con las solutrenses y varias otras coincidencias, lo que significaría que los primeros en llegar a las Américas no eran protomongoloides. Estudios basados en el DNA mitocondrial de tribus indígenas contemporáneas de Norteamérica sugieren que el patrón propio de Europa llegó a la región de los Grandes Lagos de los EEUU hace por lo menos unos 15.000 años. Pero aquí aprovecho de hacer un comentario: si bien la población indígena americana tiene hoy una cierta homogeneidad genética, ésta no es absoluta ni descarta la posibilidad de migraciones de etnias con un diferente patrón genético y que luego simplemente no prevalecieron. 
 
Pero Tomás Dillehay, quien trabajaba en la Universidad de Valdivia (Chile), creó el desconcierto y dudas que aún persisten entre los expertos, cuando en 1977 encontró un villorrio bien organizado cerca de Puerto Montt, en Monte Verde, ya constituido hace 14.800 años. Más aún, se encontraron posibles (dudosos) instrumentos de piedra de una (posible) antigüedad inusitada, más de 33.000 años, uno de ellos con señales de desgaste por el uso y trazas de sangre de mastodonte. Para aceptar la fecha más antigua, la gran duda que se hace obvia es, ¿dónde está la evidencia de continuidad entre los inesperados 33.000 y los más aceptables 14.800 años? Ulteriores excavaciones en Monte Verde (año 2013), encontó implementos de hace hasta 18.500 años de antigüedad difícil de questionar. 
 
Se han propuesto hallazgos de presencia humana anteriores al sitio de Monte Verde, pero sus dataciones son técnicamente discutibles, como un sitio en Sudamérica, Pedra Furada en Brasil, con instrumentos líticos asociados a carbón vegetal de 32.000 años. Más recientes, en la costa caribeña de Venezuela (Taima-taima) se encontró a un mastodonte muerto y faenado con instrumentos de piedra hace unos 15.000 años (¿?). En la Quebrada Jaguay en la costa del sur del Perú y un poco al norte de Arequipa, ya habría habido un asentamiento de humanos especializados en la explotación de recursos marinos hace unos 13.000 años y más al norte, la cueva de Pachamachay, a 4.300 metros de altura en la cordillera al nordeste de Lima, fue ocupada por cazadores de auquénidos hace tal vez 13.800 años. Ambos sitios sugieren para el vecindario de Arica la aún no ciertamente comprobada existencia de grupos humanos ya adaptados a diversos ámbitos ecológicos, antes de que los Clovis se extendieran por el territorio norteamericano. 
 
Si la evidencia que muestran estos y otros sitios se acepta, a Sudamérica habrían llegado humanos mucho antes que a Norteamérica, aun aceptando cualquier ruta de migración de los Clovis, los cuales no serían entonces más que un desarrollo cultural regional norteamericano 
 
¿Cómo entonces llegaron los monteverdinos? La respuesta necesitó un salto conceptual de proporciones: si hemos de aceptar la ruta continental por Beringia y descartar las fechas más antiguas, no cabe más explicación racional que la de situar el evento en el período interglaciar anterior al de los Clovis, hace 21.000 años. Hasta hace muy poco, la evidencia de ocupación humana del ártico de Asia anterior a los asentamientos más antiguos de Alaska, de hace unos 14.000 años, era muy escasa. Pero no hace mucho se encontró un sitio en el oriente de Siberia con claras señales de ocupación humana de hace 30.000 años (Río Yanu) y a sólo 2.000km del estrecho de Bering, lo que indica que en el ártico del este de Asia había gente potencialmente disponible para cruzar a América en el período interglacial anterior al que se supone que aprovecharon los Clovis. Lo que falta, por ahora, es encontrar una continuidad entre estos grupos humanos y los asentamientos de Alaska 16.000 años más recientes. 
 
Al mundo científico le costó mucho digerir la antigüedad de Monte Verde, pues los Clovis marcaban un hito paradigmático. Pero hay otras evidencias, como que los primeros cráneos de los ocupantes de América se parecen más a los de los australianos (particularmente en Brasil) y polinésicos que a los de Beringia, lo que plantea indirectamente la posibilidad de que éstos hubieran llegado por vía marítima desde la Polinesia y Australia-Melanesia. Algo, que puede atribuirse nada más que a la evolución (¿o a nuevas migraciones?), sucedió hace unos 7.000 años y los cráneos ya adquieren las características de los indígenas americanos actuales. Sin embargo, la historia de la ciencia ha demostrado que las presunciones basadas en este parámetro pueden ser muy engañosas. 
 
Este será un tema de nunca acabar, porque ahora que los estudios de DNA mitocondrial están disponibles, se pueden proponer fechas para las migraciones en función del patrón de mutaciones del DNA y del tiempo que requiere la aparición de una mutación no patogénica. En base al primer paradigma (meramente teórico) se está hablando de una migración inicial desde Siberia que llegó hasta nuestras latitudes hace 34.000 años y llegó hasta América del Sur, constituida por los ancestros de los Pima de Arizona, los Maya de Méjico y los Yanamami de Venezuela. Otra oleada habría cruzado hace unos 15.000 años sin pasar por Siberia (coincide con la hipótesis de la ruta marítima ya descrita) y se mezcló con la anterior. Un tercer grupo más reciente utilizó la ruta continental hace 9.500 años y se quedó en Alaska y el noroeste de Canadá y de allí salieron los Apaches y Navajos del suroeste de Norteamérica. Después vienen los esquimales. 
 
No insistiré en el tema, pero si quisiera enredarlo un poco más les contaría cómo las proyecciones basadas en la dinámica lingüística también aportan teorías interesantes, algunas de ellas “demasiado interesantes”. Lo único cierto respecto al origen del hombre americano es que el asunto se pone cada vez más interesante y que los Clovis van perdiendo su condición de pioneros en base a los argumentos presentados, si bien basados en herramientas o similares y rara vez con el sello indiscutible de los humanos como sería materia orgánica con nuestro DNA. El golpe de gracia a la teoría Clovis se publicó a fines de marzo del 2008: en unas cuevas de Oregon (noroeste de los EE.UU.) se encontraron deposiciones humanas de hasta 14.340 años de antigüedad (”real”, corregidas las desviaciones de la datación radiocarbónica), unos 1.000 años antes de la aparición de los Clovis, lo que coincide con la datación más consistente de los implementos encontrados en Monte Verde. En ellas se detectó DNA humano, el que sugiere que por allí pasaron dos grupos de humanos provenientes de Siberia y del Asia Oriental y apoya la hipótesis de una migración por vía costera. Es la evidencia más consistente para descartar la teoría Clovis, pero no descarta a las otras posibles rutas de migración pre-Clovis. 
 
Los monteverdinos le quitaron a los Chinchorros el mérito de ser uno de los asentamientos naturales de seres humanos más antiguos de este irracional ordenamiento territorial que hoy llaman Chile y también le ganaron a las primeras organizaciones comunitarias del delta del Nilo. Pero de todas maneras, si los paleoamericanos son producto de una o varias migraciones de diferentes etnias por una o diversas vías, estamos hablando de una presencia humana en América de sólo como 17.000 años, para proponer una fecha poco conflictiva. Si eso es así, resulta asombroso que en sólo un par de milenios los viajeros hayan llegado a colonizar el extremo sur de las américas... 
 
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