Maremoto de 1868 y la falacia del encallamiento del Wateree 
 
Renato Aguirre Bianchi 
lautaro@yahoo.com 
Arica 
 
Se dice que el maremoto de 1868 encalló al Wateree a los pies del Cerro Chuño a unos 3km de la línea de la costa y que el ulterior de 1877 lo reflotó y lo llevó a pocos cientos de metros de ésta. Pues eso no es ni cierto ni posible, pese a que así lo afirman los dos libros más leídos acerca de la historia de Arica: “Frontera Norte” de Alfredo Wormald Cruz y “Arica, Puerta Nueva” de Luis Urzúa Urzúa y esa misma falacia figura en panel informativo de lo que queda de ese barco, sus calderas, declaradas Monumento Nacional en 1984 y también, pese a ser obra de académicos de la Universidad de Tarapacá, en la serie de fascículos que publicó La Estrella de Arica a partir de mayo del 2003 como “La Gran Historia de Arica Ilustrada”. La Colección Literaria “Crónicas y Leyendas de Arica y Parinacota” difundida por La Estrella el año 2005, también trata el tema en su Tomo III y pese a que una de las fotos está rotulada “El Wateree varado en la actual Playa Chinchorro...”, avala la afirmación de Billings de haber encallado “a los pies de los cerros de la costa” y sobre esa base hace recomendaciones en cuanto a la extensión de la zona inundable. 
 
La leyenda nace del relato que el contralmirante L.G. Billings publicara en el National Geographic Magazine en 1915, 47 años después de los hechos (era por entonces uno de los oficiales subalternos del barco) y con por lo menos un muy evidente error pues data al evento con fecha 8 de agosto, siendo la verdadera el 13 de agosto. 
 
Si bien no soy el primero que afirma que Billings exageró notoriamente el asunto y estando eso claramente demostrado por el historiador Manuel Fernández Canque, lo investigué independientemente vía documentos de fuentes confiables y las fotografías disponibles y mis conclusiones se muestran en el mapa que sigue: 
 
La ancla azul muestra el lugar (aproximado) más probable donde encalló el barco en 1868 y la verde el de 1877. El círculo rojo indica cuánto más adentro pudo estar el primero de acuerdo a lo que describe Billings. La línea roja marca la ubicación del “mini-acantilado” al que hace referencia esta página.
 
Entre la playa y el “mini-acantilado” que eleva bruscamente la superficie en unos 10m, hay un vasto espacio casi plano (antes de pastizales, hoy con imprudentes recintos habitacionales) cuya máxima elevación no supera los 20m. Intento demostrar claramente que durante el maremoto todas las evoluciones de los barcos por encima de lo que habitualmente es tierra firme se limitaron a ese sector, “los Bajos de Chinchorro”.  
 
Los Bajos de Chinchorro”. El mini-acantilado se señala con una serie de asteriscos rojos y continúa hasta el valle de Azapa por detrás de la Piscina Olímpica (de murallas azules). Al fondo a la derecha se ve el Morro de Arica.
 
Una fuente de información oficial y detalles del maremoto 
El Capitán del Wateree, James. H. Guillins informó a su superior el Comandante del Ecuadrón del Pacífico Sur de la Armada de los EEUU lo siguiente el día 20 de agosto (traducción libre): “a las 5:05 PM... se sintió un ruido sordo acompañado de um movimiento trémulo del barco. Esto adquirió más fuerza rápidamente hasta que se hizo evidente que se estaba produciento un terremoto inusualmente severo... Desde el puente ví que los edificios [de la ciudad] se derrumbaban y en menos de un minuto toda ella era sólo una masa de ruinas, con apenas alguna casa en pie... Como no había indicios de una salida de mar, a las 5:20 bajé a tierra y [pronto] el mar ya se estaba retirando. A las 5:32 el mar comenzó a levantarse rápidamente y el barco... comenzó a garrear, el molo se sumergió y el mar había llegado hasta las casas más cercanas a la playa. Al cabo de algunos minutos hubo un súbito reflujo y después de algunos minutos el mar volvió a crecer con fuerza. Ya era las 6 de la tarde, el Fredonia, la corbeta preruana América, la barca Chañarcillo inglesa y nuestro barco aun se mantenían en su lugar. 
Hubo otro reflujo y luego otra salida de mar por un corto tiempo después de ésto. Entre las 6 y las 7 PM hubo otra tremenda crecida de mar... y cuando volvió a retroceder las cadenas rompieron sus escobenes [y partes de la cubierta] y el barco comenzó a derivar rápidamente pasando muy cerca de la isla Alacrán y el mar muy pronto comenzó a crecer otra vez... se cortó una de las cadenas y el barco derivó rápidamente hacia la playa. Cerca de las 6:55 el barco estaba en las rompientes y varias pesadas olas reventaron sebre él [causando otros fuertes daños]. Hubo varias marejadas después de ésto y cerca de las 7:20 encalló cerca de un banco de tierra alto, a unos 400m desde y casi 4m sobre la línea de resaca.  
Luego otras marejadas llegaron al barco, pero sin fuerza para moverlo [excepto] hacer girar su proa hacia el mar. Fuertes réplicas se sintieron a cortos intervalos hasta la mañana siguiente. 
Hice medir la altura a la que llegaron las subidas de mar y encontré que fue de 13m y el flujo de las olas llegó unos 3-4,5m más arriba. 
 
Fuentes confiables como el Cónsul chileno, el informe recibido por el Almirantazgo Británico y otras, dan distancias similares y eventualmente la Armada de los EEUU, tras recopilar los antecedentes disponibles, informó oficialmente que el Wateree había encallado a 500 yardas (algo más de 450m). La ubicación del encallamiento que propongo, muy cerca de o en el extremo nor-este del Parque Centenario, cumple con lo de la distancia al mar y el análisis comparativo de una fotografía que muestra al Wateree y su relación espacial con el Cerro Chuño (agradeceré infinitamente a quien me pueda aportar otras con esas características) con diversas tomas que hice desde diversos ángulos, me permitió presumir su probable distancia del casco antiguo de la ciudad. No sé si alguien tiene otros datos consistentes que propongan una ubicación diferente. 
 
Extracto parcial del artículo publicado por el Contralmirante L.G. Billings en el National Geographic Magazine 
En 1868 estaba destacado en el U.S.S “Wateree”... una clase de buque construido al término de nuestra Guerra Civil para subir por los angostos y tortuosos ríos del sur. Tenía ruedas de propulsión.. y el fondo plano... lo que eventualmente salvó nuestras vidas. 
“Era el 8 agosto de 1868, cuando cayó la calamidad sobre nosotros, como una tormenta a partir de un cielo despejado... 
“Estaba sentado en la cabina..., alrededor de las 4 de la tarde, cuando fuimos sorprendidos por un violento estremecimiento del buque, similar al efecto de soltar el ancla... Nuestra atención fue inmediatamente atraída por una gran nube de polvo que se aproximaba rápidamente desde el sudeste, mientras crecía en intensidad un terrible retumbo y ante nuestros aterrorizados ojos los cerros parecían cabecear, y el terreno oscilaba como las olas de un mar agitado. 
“La nube envolvió a Arica. Instantáneamente a través de su velo impenetrable se elevaron gritos de auxilio, el crujido de las casas derrumbándose y los miles de ruidos provenientes de una gran calamidad, mientras el buque era sacudido como si fuera empuñado por una mano gigantesca. Después pasó la nube. 
“...Donde antes había una próspera y alegre ciudad, bulliente de vida y actividad, contemplamos una masa de ruinas, apenas alguna casa en pie, ninguna perfecta. Las calles bloqueadas con escombros, a través de los cuales forcejeaban los menos heridos tratando de zafar a los desdichados miserables aprisionados en las ruinas... mientras el aire era desgarrado con quejidos, gritos y pedidos de auxilio... El mar llegaba a la playa tan tranquilamente como antes... 
“...Para prepararse para lo peor, se lanzaron anclas adicionales, se cerraron las escotillas, se aseguraron los cañones y se tendieron cuerdas de seguridad de proa a popa... 
“Mirando nuevamente hacia la costa, vimos a ilesos repletando la playa y el pequeño muelle, gritando a los buques que los ayudaran a desenterrar a sus seres queridos de las ruinas y los transportaran a la seguridad de los buques fondeados tan tranquilamente.... Se dieron órdenes para preparar una partida de desembarque de 40 hombres, debidamente equipados con herramientas. La ballenera, con una tripulación de 13 hombres, zarpó de inmediato... y desembarcó su tripulación, dejando solamente el acostumbrado hombre de guardia. 
“...[Apareció] un ronco murmullo... [y] con horror contemplamos que no había nadie en el muelle que antes estaba repleto de gente., todos devorados en un momento. Entre los despojos vimos la ballenera portando solamente al hombre de guardia, arrastrado por una irresistible marea hacia los faldeos del Morro, mientras el marinero luchaba contra la corriente. Encontrando que sus esfuerzos eran vanos... abandonó su inútil timón y corriendo a proa, empuñó la bandera del bote y dio un último adiós a sus compañeros, mientras el bote desaparecía para siempre en la espuma de las crueles rocas de la orilla. De esta forma el “Wateree” perdió el único miembro de su tripulación de 235 hombres... 
“Pero nuestros problemas recién comenzaban. Fuimos sorprendidos por un terrible ruido en la costa, que duró varios minutos... La tierra oscilaba y... el mar descendió hasta que el buque encalló, mientras que hacia el lado del mar... vimos [su] fondo rocoso... con peces y monstruos de las profundidades que luchaban en seco. Los buques con fondo redondo se inclinaron, mientras que el “Wateree” descansaba tranquilamente sobre su casco plano. Cuando el mar retornó, no como una ola sino más bien como una gigantesca marea, volcando una y otra vez a nuestros desafortunados navíos acompañantes..., el “Wateree” se elevó tranquilamente sobre las agitadas aguas, ileso. 
“A partir de ese momento el mar pareció desafiar las leyes de la naturaleza. Las corrientes corrían en direcciones opuestas, y nosotros fuimos arrastrados hacia todos lados con una velocidad que no podríamos haber igualado...  a intervalos regulares retornaban los temblores, pero ninguno tan violento o largo como el primero. 
“En frente del Morro y a una corta distancia de él, se alza un islote algunos metros por sobre el agua, donde los peruanos habían excavado un fuerte en la roca sólida y habían montado dos cañones de 15 pulgadas, con una dotación de 100 hombres... Repentinamente lo vimos desaparecer bajo las olas. Se hundió o el agua se elevó, no lo podíamos decir. Solamente sabíamos que desapareció y cuando reapareció después de un rato..., no solamente había desaparecido la dotación, sino también los cañones y los carros (nota)... 
“Antes del terremoto Arica tenía una de las mejores y más modernas maestranzas entre El Callao y Valparaíso... Locomotoras, coches y muchas piezas fundidas de gran peso... desaparecieron sin dejar un solo vestigio de ellas. 
“Había [ya] oscurecido.. Alrededor de las 8:30 PM, el vigía llegó al puente de mando e informó que se aproximaba una rompiente. Mirando hacia el mar, vimos primero una fina línea de luz fosforescente, que se vislumbraba cada vez más alta, hasta que parecía tocar el cielo... Anunciada mediante el atronador ruido de miles de rompientes combinadas, la espantosa ola estaba finalmente sobre nosotros... 
“Que el buque pudiera flotar a través de las masas de agua que se precipitaban sobre nosotros parecía imposible. Solamente podíamos agarrarnos de las líneas de seguridad y esperar la inminente catástrofe. 
“Con estrépito, nuestro gallardo buque fue inundado y sepultado bajo una semisólida masa de arena y agua. Estuvimos sumergidos sin aliento durante una eternidad. Luego, con cada parte del buque crujiendo, el leal y viejo “Wateree” salió a la superficie, con su tripulación aun agarrada a las líneas de seguridad... Nos pareció entonces un milagro... 
“Sin duda que nuestra salvación se debió al diseño del buque. El buque fue desplazado en forma rápida durante un tiempo, pero después de un rato el movimiento cesó y bajando la linterna por el costado, nos encontramos en la costa... Olas más pequeñas se movieron a nuestro alrededor durante cierto tiempo y luego cesaron... 
“El sol matinal surgió sobre una escena de desolación rara vez contemplada. Nos encontramos en seco y en altura en una pequeña ensenada... Habíamos sido llevados unas 3 millas a lo largo de la costa y casi 2 millas tierra adentro... al pie de la cordillera de la costa... Nuestro navegante encontró las marcas del tsunami y midiendo, determinó que se encontraban a 47 pies de altura, sin incluir el flujo del remanente de las olas... 
“Cerca de nosotros encontramos los restos de la gran barca inglesa “Chanacelia”, que tenía una de sus cadenas de ancla enrollada a su alrededor, tantas vueltas como su largo le permitió, mostrándonos que ella se había dado vueltas muchas veces. Un poco más cerca yacía el buque peruano “América”, desfondado (foto), y la arena se encontraba cubierta por una masa heterogénea de restos valiosos: grandes pianos, fardos de seda, toneles de brandy, muebles, ropas, cuchillería. 
“Los temblores continuaban a intervalos irregulares, pero ninguno tan violento o largo como el primero. Algunos de ellos, sin embargo, fueron lo suficientemente fuertes como para sacudir al “Wateree” sonando como una tetera vieja, y nos hizo abandonar el buque y acampar en una gran meseta, a unos 30 metros de altura... Encontramos en algunos sitios enormes fisuras, muchas de ellas de más de 30 metros de ancho y de profundidades desconocidas; otras eran simplemente grietas. Algunas de ellas se convirtieron en la tumba de los habitantes que arrancaban. Recuerdo... cuando encontramos el cuerpo de una dama sentada sobre su caballo, ambos tragados mientras arrancaban por sus vidas. En Arica sólo encontramos desolación y muerte. Donde una vez estuvo esta hermosa ciudad, se ofrecía a nuestra vista una planicie arenosa." 
 
En negrita he destacado los errores de Billings: 8 de agosto, casi dos millas tierra adentro, al pie de la cordillera de la costa y la contradicción “acampar en una gran meseta a unos 30m de altura”. Pero donde exagera fuertemente es en los siguientes párrafos: 
 
“Habíamos sido llevados unas 3 millas a lo largo de la costa y casi 2 millas tierra adentro. La ola nos transportó sobre las dunas de arena que bordean al océano, a través de un valle (¿¿¿cual???’) y por encima de los rieles de ferrocarril (el de Arica a Tacna que transita por los bajos de Chinchorro pues el de Arica a La Paz  no existía aún), dejándonos a los pies de la vertiente oceánica de los Andes. En el casi perpendicular frente de la montaña nuestro navegante encontró las marcas de la marea... Si la ola nos hubiera llevado 200 pies más allá, inevitablemente habríamos sido despedazados contra la montaña.” 
 
De los diez o quince mil habitantes que tenía Arica, sólo sobrevivieron unos cuantos centenares de infortunados”. Pues el número de fatalidades que se citan para Arica en otras fuentes es de sólo unas 600-300 y Manuel Fernández estima en base a la evidencia disponible que su población era de sólo unas 4.000 personas. Billings no cesa de exagerar... 
 
Evidencia concreta para desmentir el artículo de Billings  
Sin duda, el relato de Billing tiene un gran valor pero lamentablemente creó una gran falacia. Si la “montaña” era el Cerro Chuño, pues sus faldeos se inician a más de 40m de altura: simplente imposible que el Wateree llegara hasta allí. Por lo demás su ladera tiene inicialmente una suave pendiente y absolutamente no “un frente perpendicular”. La “montaña” no era más que ese mini-acantilado que hay entre la planice de los bajos de Chinchorro y lo que seguimos llamando Costanera Norte (Avda. Luis Beretta Porcel, no confundir con Ingeniero Raúl Pey, que es la que sigue el borde de la playa), que no alcanza a tener 10m de altura y que tan bien conocemos cuando bajamos al Chinchorro: 
 
Estado actual del “mini-acantilado”. Es el “banco de tierra alto” que menciona el Capitán del Wateree.
 
. Y la meseta donde acamparon es toda la planice que hay entre el mini-acantilado y el Cerro Chuño y que tiene realmente unos 30msnm. Y ese mini-acantilado ciertamente existía en esa época como lo muestra la siguiente foto y el Wateree está casi a sus pies. 
 
El Wateree encallado en 1868, bajo el “mini-acantilado” (asterisco rojo). El extremo sur del Cerro Chuño se ve lejos (asterisco azul).
 
Probablemente acamparon cerca del edificio blanco que se ve sobre el asterisco rojo en la siguiente foto, captada desde el Hotel Diego de Almagro: 
 
Lugar aproximado de encallamiento del Wateree (asterisco gris). Nótese el “mini-acantilado” (asterisco rojo) y el extremo sur del Cerro Chuño (asterisco azul). El Wateree estaba aproado hacia el mar y puesto que en la foto de 1868 se le ve de perfil, ésta debe haber sido captada desde un poco más al norte que la actual y por eso sólo se ve el extremo del Cerro Chuño. Esta fotografía se captó desde el último piso del hotel Diego de Almagro.
 
Por lo demás, no hay duda que los restos del Chañarcillo y el América, desfondado, estaban en la misma planice que el Wateree y no hay, por cierto, ningún valle cerca. El Agente local de la CIA. Inglesa de Vapores, G.H. Nugent y quien vivió el maremoto en tierra firme, escribe que el América quedó sobre los rieles del ferrocarril. Pues nótese a cuán corta distancia está el Wateree: 
 
La fotografía se captó desde "el banco de tierra alto" que menciona el capitán del Wateree, lo que hoy sería casi la berma de la Avda. Luis Beretta Porcel.
Otra foto trascendente: 
 
El América desfondado, yaciendo sobre los rieles del ferrocarril. Nótese a la izquierda al Wateree encallado (“cerca” escribió Billings) unos cuantos cientos de metros más a tierra y ¡tapando la imagen del mini-acantilado! (asterisco rojo) y harto más lejos al Cerro Chuño (asterisco azul), a juzgar por la altura aparente de su perfil (la elevación del perfil en esa zona debe ser de unos 400m). Con un sextante y afinando la elevación del perfil vía Google Earth, un básico cálculo trigonométrico nos daría la distancia entre éste y la presunta posición del fotógrafo. Eso no lo he hecho y es tarea para quien quiera aportar una prueba irrefutable adicional. Pero “a ojo”, 20 años de navegación costera midiendo la distancia de mi yate al Morro con ese método primero y con GPS ulteriormente, me hacen suponer una distancia de unos 5-6km (eso lo corroboré con otro muy experimentado yatista local: sin que nada supiera de ésto le pedí que propusiera la distancia al Cerro Chuño y concluyó exactamente lo mismo). Y el perfil visible del cerro, a juzgar por su relación con la mina de Kieselgur vecina (elevación: 250m), debiera estar a unos 3-4km de la base del cerro. O sea, el fotógrafo debe haber estado a algo más de 2km de la base y el Wateree a cientos de metros menos. Por imprecisa que sea esta disquisición, demuestra una vez más que el Wateree nunca estuvo cerca del Cerro Chuño.
 
Más evidencia, aunque  más discutible porque no es una fotografía sino un dibujo de la posición en la que quedó el Warteree: 
 
Lo más resaltable es que desde el Wateree se ve al Morro y a la Isla Alacrán (exagerada) y al América muy cerca. Desde los faldeos del Cerro Chuño el Morro se vería muy diferente, taparía a la isla y el América se vería sólo como un lejano bulto.
 
Lo que, más que asombrarme de la generación de la falacia del Cerro Chuño me confirma mi desconfianza en los respetados historiadores, cronistas contemporáneos y autoridades locales, es que se tragaron sin ningún intento por evaluar la evidencia el cuento del Cerro Chuño (tal vez por su mediática espectacularidad) y sólo en base al relato discutible de un octogenario que dio rienda suelta a sus fantasías después de más de 40 años de haber vivido y evaluado erróneamente la posición del barco encallado. Es que no hay ninguna evidencia gráfica o de otro tipo, ninguna otra aunque sea fantasiosa, que justifique su falta de objetividad. Simplemente asombroso, lamentable e irresponsable... 
 
Nueve años después, en 1877 Arica sufrió otro terremoto-maremoto que reflotó al Wateree y lo trasladó un par de kilómetros hacia el norte, encallándolo un poco más cerca del mar en el pastizal vecino al Centro Ecuestre, donde con el tiempo sólo quedaron sus calderas como testigo de su periplo terrestre: 
 
Destino final del Wateree tras el maremoto de 1877 (foto del año 2004). Hoy las calderas yacen a un costado del camino que bordea la playa para mejor exponerlas a los turistas, a quienes el panel informativo adyacente les hace creer un mito asombroso pero de una falsa espectacularidad.
 
Supongo que no se necesitan más argumentos para terminar alguna vez con una falacia que no se entiende cómo trascendió y sigue haciéndolo. Y me asalta una gran duda: ¿Se habrá considerado la evidente exageración de Billings en la elaboración de alguno de los mapas de inundabilidad contemporáneos, descartando el relato oficial del capitán del barco y las conclusiones finales de la Armada de los EEUU e ignorando lo que realmente muestra la evidencia fotográfica? Si así fuera sería penoso, pero a la vez hay que considerar que el terremoto que nos espera podría ser de mucha mayor magnitud que los del siglo XIX. 
 
 
Addendum: La Destrucción de Arica en imágenes 
Así veía el artista a Arica al iniciarse el terremoto de 1868. El edificio blanco con torres es la Iglesia Matriz.
 
Y así quedó Arica después...
 
 
Restos de la iglesia Matriz.
 
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