Piedras Tacitas, un resumen de lo que he visto en el terrirorio ariqueño. 
 
Nadie entiende mucho lo de las piedras tacitas, pero se piensa que son expresiones ceremoniales. Con variaciones de forma y tamaño y a veces asociadas a surcos labrados en la roca a mayor profundidad que los petroglifos, las he visto en muchos sitios de nuestra Región (Arica y Parinacota). Hay muchísimas de ellas. Para empezar, las hay en la cantera de Cerro Chuño, en la ladera norte de la Arica urbana: 
 
 
Cerro Chuño
 
En el valle de Azapa, en cuyo extremo final se asienta la ciudad de Arica, hay restos de un asentamiento Cabuza a unos 20km de la costa (AZ-3 en la jerga arqueológica), con algunas piedras con tacitas más grandes que las “típicas”. Supongo que éstas son las más antiguas que conozco y eso desencadena mi ira y obligación moral de hacer una denuncia. Hoy hay allí una parcela dedicada al cultivo de tomates y donde en los mismos recintos funerarios de hace más de 1.000 años se han plantado ejemplares de maracuyá que se nutren del material orgánico de los restos humanos del Período Intermedio Medio y a nadie le importa. Mañana o pasado el usuario de esas tierras decide dinamitar a esas piedras o hacerlas desaparecer y ¡a nadie le importa! ¿Hasta cuándo soportar la desidia de quienes deben proteger nuestro patrimonio histórico? En mi iracunda opinión, no hay remedio, lo perderemos y nadie aparecerá como responsable de esa barbaridad. Por cierto, he conversado con los usuarios del lugar y no tienen la menor idea de la importancia arqueológica del sitio, sólo les interesa la cosecha de tomates y de maracuyás y no pueden ser culpados por eso. La culpa la tienen los estamentos estatales y las organizaciones indígenas (que sospecho que sólo se concentran en lo pecuniario y no intentan de verdad resguardar su patrimonio) y todas las instancias oficiales que tan poco conocen de nuestro patrimonio y consecuentemente menos hacen por resguardarlo y en último término, la culpa es de Chile entero, concentrado en resaltar sólo los eventos bélicos republicanos de nuestro pasado. ¿A quién reclamarle por ésta y otras posibles o ya consolidadas amenazas de nuestro patrimonio histórico? Mejor (más prudente) es quedarse callado, como parece que todos lo hacen. Me han contado confidencialmente de intentos fallidos por declarar a cierto lugar como Patrimonio Nacional y mientras se tramitaba el proceso, poderosas máquinas hicieron desaparecer a los remanentes arqueológicos. Y por eso me apuro a denunciar esta supuesta actitud estatal, sin la valentía de detallarla para que no me enjuicen a través del poderoso Estado Chileno. ¿Y si a 10 años plazo desaparecen esas reliquias como ya desapareció la “piedra tacitas” de Guañacagua y muchos de los Túmulos Funerarios del valle de Azapa y el reciente (año 2009) perjuicio del asentamiento del Cerro Sombrero, a quién puedo yo enjuiciar? No hay caso, las opciones jurídicas son asimétricas (creo) y nos abruma la indiferencia por nuestro patrimonio prehispánico. Y en eso, nadie que yo conozca se atreve a acompañarme a denunciarlo públicamente. ¡Viva Chile y su Historia Bélica!, esa es la tónica nacional como yo la veo. Mejor me envuelvo en una bandera chilena y quedo como “patriota”, pero si lo hago no me atrevevé ni a mirarme al espejo. O mejor me quedo contemplando al galvano que el año 2003 el Consejo Asesor de Monumentos Nacionales de Arica-Parinacota me otorgó a título de Premio “Conservación del Patrimonio Cultural” y trato de convencerme de que sí he hecho mucho por merecerlo. La estricta verdad es que ya no sé ni dónde lo escondí, porque me dio vergüenza recibirlo con las manos atadas... 
 
Pero seamos cautos y “buenos chilenos”, tratemos de suponer que todas las instancias chilenas están fascinadas por el pasado andino de Arica, que ninguna ilustrada autoridad de alto rango militar o fiscal que nos visita trata amistosamente a nuestros indígenas de aymarás como si realmente conociera nuestro pasado (en ese idioma la última sílaba jamás tiene acento), pensemos que Chile realmente aprecia y comprende el acondicionamiento andino de Arica y Parinacota, descartemos mi indignación a título de exabrubto antipatriota (y me disculpo para evitar consecuencias jurídicas) y sigamos con el relato. Por lo demás, para armonizar con la tónica chilensis ¿qué gano yo por tratar de navegar contra lo que los chilenos creen “apropiado”? Fin de mi exabrubto... 
 
La foto siguiente muestra lo que creo que son las más antiguas “piedras tacitas” de mi Patria Chica: 
 
 
Y más arriba, casi donde comienza el valle, llega una de las rutas troperas milenarias al casi abandonado poblado de Livilcar. En el lugar preciso donde termina el descenso de la ruta proveniente de la precordillera y llega al talweg del valle, las caravanas debían pasar por un tramo estrecho cuyo piso es una roca plana con tres hileras visibles de tacitas: 
 
 
A poco más de 10km aguas abajo de Livilcar está Humagata, donde hay dos rocas con tacitas “típicas”. 
 
 
Cerca de allí están las ruinas de Achuyo, con muy peculiares petroglifos y cuyo panel principal tiene una tacita: 
 
 
Otras rutas caravaneras descendían al valle de Lluta, al norte del de Azapa. La principal de ellas llega al talweg tras un difícil descenso y allí están las ruinas de Milluni, donde sólo ví pocos petroglifos y encontré una roca peculiar con tacitas: 
 
 
Descendiendo por el valle de Lluta hay otros sitios prehispánicos donde por ahora no he visto “piedras tacitas” pero poco más abajo del pueblo de Molinos, en un lugar llamado Churiña y muy cerca de un antiguo cementerio hay una piedra muy especial, con una gran socavación pulida central y bordes adornados con líneas y tacitas. Allí parece que ya había una capilla católica por lo menos a fines del siglo XVII (Santo Domingo de Churiña), muy anterior a la actual iglesia de Molinos. No es de extrañar entonces que en ese lugar, donde hoy no hay nada más que parcelas sin un centro urbano, exista un típico cementerio andino, los que solían ubicarse muy cerca de la iglesia, de la cual no quedan rastros ni se conoce su ubicación exacta. Pero muy cerca del cementerio y afortunadamente semi-oculta, se encuentra la piedra a la que me refiero. ¿Podría ésta ser la pila bautismal de la capilla? Creo que esa piedra y el vecino cementerio sugieren la ubicación de la capilla. Si así fuera la piedra sería una reliquia que, aunque no fuera más que por esta suposición, debiera recibir protección y estudio de parte de la Iglesia Católica y/o los historiadores. Pero allí está, abandonada y en cualquier momento alguien se la lleva a su casa. No me extraña esta indiferencia por nuestro pasado y por eso no detallo sus coordenadas: Chile es así y punto... 
 
 
Más abajo está un lugar llamado Rosario, donde hay una pequeña estación de Ferrocarril de Arica a La Paz  abandonada y una cantera con numerosos paneles de petroglifos. Algunos de ellos tienen tacitas. 
 
 
Otras rutas caravaneras llegaban al valle de Codpa, al sur del de Azapa. A sólo un par de cuadras de la plaza y al borde del río, hay una piedra tacitas que parece que nadie más la ve o si la ven a nadie le interesa. 
 
 
Cinco kilómetros al este de Codpa hay un pequeño poblado con una hermosa iglesia del siglo XVII (Guañacagua), muy cerca de la cual había otra “piedra tacitas” que hace años ¡¡desapareció!!, demostrando el irritante desconocimiento de los locales y de nuestras autoridades de cualquier tipo en lo que se refiere a nuestro patrimonio histórico. 
 
 
A un par de kilómetros aguas arriba de Guañacagua hay una pequeña cascada en un sector denominado Jasjara (la única del valle) y justo en el punto donde uno debe abandonar la ruta vehicular (construida sobre la antigua ruta tropera) para descender a la cascada, hay una gran “piedra tacitas”: 
 
 
Cinco kilómetros aguas abajo de Codpa está Ofragía en la ladera sur del valle y Cerro Blanco en la del norte. En la ladera de Ofragía hay cientos de petroglifos que no llegan a la cumbre de ésta. Pero en la cumbre y prácticamente al frente de Cerro Blanco, hay piedras con tacitas peculiares, oblongas, parecidas pero de menor tamaño que las que se encuentran a más de 500km al sur, en la quebrada de Jeres en Toconao, al sur de San Pedro de Atacama (foto)
 
 
Cerro Blanco, un lugar que creo que era una wak’a (lugar ceremonial), tiene excepcionales expresiones de arte rupestre. 
 
Cerro Blanco. La flecha roja indica la ubicación de una gran “piedra tacitas”, al inicio del sendero que asciende a la wak’a.
 
El inicio del sendero que asciende a la cumbre del cerro donde está la wak’a está como marcado por una gran “piedra tacitas”: 
 
 
A medida que uno asciende observa muchos paneles de petroglifos que se van haciendo más y más abstractos a medida que uno se acerca a la cumbre. En ésta hay petroglifos muy peculiares, muchos de ellos en superficies horizontales de rocas casi planas con muchas tacitas de todas las formas, extrañas disposiciones espaciales e indescifrablemente relacionadas con petroglifos abstractos: 
 
 
Hay allí un extraordinario conjunto de tacitas que es parte de un complejo de figuras que nunca he visto en ninguna otra parte: 
 
 
Siguiendo el valle aguas abajo hay otras ruinas prehispánicas con petroglifos: Cachicoca, Pintatani, Bodega del Medio y Calaunza. En Calaunza está la más interesante colección de petroglifos que he visto y hay muchas “piedras tacitas”: 
 
No he explorado bien la parte más baja del valle, pero sí sé bien que en Caleta Vitor, donde éste llega al mar, no hay “piedras tacitas” pero sí pictografias (pinturas rupestres). 
 
Volviendo al norte, en el valle Caplina, donde está la hoy peruana ciudad de Tacna, hay miles de petroglifos en Miculla, a unos 20km al este de Tacna. Allí también hay “piedras tacitas”: 
 
 
He recorrido todo el territorio descrito muchas veces, caminando o a caballo. Encuentro petroglifos y “piedras tacitas” sólo en los valles transversales y ninguno en la Cordillera o en el Altiplano. En éstos hay en cambio, pictografias. Con lo anterior he descrito sólo parte de lo que he visto en mi Patria Chica y aun me queda mucho por recorrer. Lo que puedo concluir es que, cualquiera sea la ruta caravanera milenaria que recorro, siempre encuentro allí petroglifos desde la Cordillera hacia abajo y con cierta frecuencia éstos se asocian a las tacitas. Las otras expresiones del arte rupestre como los geoglifos y las pinturas rupestres o pictografías, las encuentro sólo en la parte baja de los valles (geoglifos, algunos de ellos en la pampa de más al sur) o en el altiplano y en los sitios costeros en lo que se refiere a las pictografías. Pero nuestras expresiones del arte rupestre son complejas: hay petroglifos coloreados y por lo menos una pequeña pictografía “fuera de lugar” en Rosario, sector medio del valle de Lluta: 
 
Pictografía de ¿un auquénido? asociada a cientos de petroglifos en un lugar no habitual: un panel vertical en vez de un alero y en el sector medio del valle de Lluta en vez de la cordillera, precordillera o costa.
 
Ya dije que el tema de las “piedras tacitas” es complejo. Hay algunos pocos artículos en Internet que pretenden diferenciar a las “tacitas”, que estarían en la superficie horizontal de las piedras, de las “cúpulas”, supuestamente en una superficie oblicua o vertical. No concuerdo pues las mismas formas, “típicas”, oblongas o de mayor o menor profundidad las he visto en cualquier posición de horizontalidad. Creo que sólo pueden clasificarse por su forma y profundidad y en consecuencia, en posición horizontal o (casi) vertical, no se puede concluir nada respecto a una eventual utilidad doméstica. O sea, las tacitas no nos dicen nada de su utilidad práctica (por estar en posición horizontal) y no difieren de las supuestas “cúpulas” que se definirían por su posición oblicua o vertical... 
 
Cerrar