Deformación artificial del cráneo. Esta práctica fue común en muchas partes del mundo y hasta mediados del siglo pasado aun persistía en algunos lugares de Francia. Parece que los primeros americanos no se deformaban el cráneo y es curioso que esta práctica tan peculiar como aparentemente inútil parece haber sido inventada en forma independiente en varios lugares del planeta. En el Mundo Andino tiene más de 9.000 años de antigŁedad. La más temprana evidencia de cráneos artificialmente deformados proviene de Iraq, con una antigëdad de unos 10.000 años y aunque curiosamente poco se menciona el tema, este procedimiento se realizaba entre los hititas, egipcios, fenicios, sirios, apaches, navajos y otras tribus norte y centroamericanas incluyendo a los mayas y también en Afganistán, algunas partes de China y África, las islas de Pacífico Sur, etc. 
 
En Arica, las primeras deformaciones aparecen hace unos 4.500 años entre los Chinchorros y persisten hasta el Período Tardío (inca). Entre ambas épocas, todos los grupos étnicos y en la inmensa mayoría de la población aplicaban el procedimiento a lactantes y por algún tiempo, posiblemente como una manera de establecer su identidad étnica y a veces llegando a extremos que pudieron haber causado la muerte del niño. Precisamente en momentos de gran tensión étnica, se agrega la deformación facial en Las Maytas (foto), posiblemente en concordancia con el esfuerzo de esta etnia por diferenciarse de la cultura Tiwanaku por entonces dominante. 
 
Los cráneos deformados siguen, en general, dos patrones: uno, llamado tabular por Imbelloni, consigue un aplanamiento antero-posterior que ensancha el cráneo; el otro, que Espoueys prefiere llamar circular, alarga el eje que va desde la base de la nariz hasta el vértice del cráneo, sin ensancharlo. Ambas variedades tienen modalidades erectas u oblicuas hacia atrás y numerosos detalles adicionales, como la creación de una prominencia frontal que desciende hasta la entreceja, en cuyo caso se adopta un peinado que resalta esta característica (foto). Finalmente, en una población de tanta complejidad étnica como la de Arica, las variantes de cráneos deformados son extremadamente complejas y recién están siendo estudiadas en profundidad.  
 
La pregunta obvia es el porqué de las deformaciones y sus variantes. Es natural suponer que esto se relaciona con la obsesión por la cabeza prevalente en el Mundo Andino (cabeza ausente en algunos cadáves de Chinchorro, trepanaciones de Paraca-Cavernas, separación secundaria de la cabeza del resto de cuerpo en entierros de Faldas del Morro, el culto al decapitador, los cráneos rituales y los cadáveres decapitados de Alto Ramírez, las cabezas-trofeo de Paracas, los complejos turbantes y atuendos cefálicos de Faldas del Morro y El Laucho y la variedad de peculiares gorros como los en forma de hongo de Alto Ramírez y los de cuatro puntas del Tiwanaku y Cabuza, para sólo mencionar unos pocos ejemplos). Siendo el atuendo cefálico un marcador étnico y cultural, pareciera que se acondicionaba la cabeza para poder usar un determinado tipo de atuendo, más que adaptar el gorro a la cabeza. 
 
Para enfrentar el tema, Oscar Espoueys inicialmente estudió las deformaciones de los habitantes de distintos períodos prehispánicos de Pisagua, una caleta al sur de Arica no apta para la agricultura y consecuentemente con una población muy aislada, de mayor pureza étnica (menos afectada por el interés de los altiplánicos en la capacidad agrícola de Azapa), tratando de definir una clasificación basada principalmente en el método utilizado (la forma conseguida pasa a ser una mera consecuencia), puesto que esto define mejor el componente cultural de las deformaciones. Así se obtiene una herramienta para contribuír a la compleja tarea de estudiar lo ocurrido en Arica. El 2003 tuve el privilegio de conocer muy de cerca su investigación pionera y ya el 2007, con el biólogo Germán Manríquez Soto de la Universidad de Chile, estaban obteniendo resultados preliminares promisorios en cuanto a la sistematización de las deformaciones ariqueñas con mediciones craniométricas y complejos procedimientos estadísticos (morfología geométrica tridimencional computarizada). Una larga e interesante tarea que permite cotejar los conceptos actuales basándose en una perspectiva diferente. Es decir, habiendo definido los tipos y métodos de deformación en categorías consistentes, tratar asociarlos a la cerámica, cestería, textilería y otros parámetros hoy definidos para las distintas etnias y etapas culturales. Los resultados están confirmando su validez. 
 
Los métodos deformadores son muy variados, con tres procedimientos básicos que pueden combinarse: cunas restrictivas que comprimen el cráneo, tablillas frontales y occipitales y vendajes circulares (llautu). Aunque se piensaa que desde el Formativo y en particular durante el Período Intermedio Medio se utilizaron tablillas, pareciera que el llautu, combinado o no con las tablillas, es el elemento más utilizado en Arica (foto) y el estudio de sus variantes y combinaciones con las tablillas aportará nuevos elementos para comprender nuestra compleja evolución cultural. 
 
Un cráneo del Período Tardío (Inca) que fotografié en Chapisca (valle de Lluta), muestra una deformación por llautu que no es la típica de la población costera de la Cultura Arica (foto); otro cráneo del mismo valle pero más cerca de la costa (cementerio de túmulos de Mollepampa, vecino y contemporáneo al asentamiento incaico homónimo), de una población que utilizaba cerámica del mismo estilo que la anterior, presenta una deformación circular oblicua inesperadamente intensa para la época, seguramente producto de acondicionamientos culturales que aun desconocemos (foto). Esto demuestra que la mera consideración de los estilos cerámicos y los procedimientos funerarios es insuficiente para definir la compleja interacción de las identidades étnicas de Arica y hemos de redefinir nuestra historia prehispánica tomando en consideración parámetros más complejos como la textilería, la cestería y las deformaciones craneanas. 
 
Lo que sugieren las investigaciones modernas basadas en las características de los cráneos considerando parámetros dependientes o independientes de la deformación artificial, es que, si bien parece que hubo un sitio en Azapa ocupado por altiplánicos, en Arica no hubo migraciones importantes de etnias foráneas, como podría suponerse si sólo se consideran los estilos cerámicos y la iconografía. Pareciera que, en términos fenotípicos, las poblaciones ariqueñas evolucionan a partir de los  Chinchorros (o de los anteriores asentamientos de Acha, cuyos cráneos son muy similares a los no deformados de Chinchorro) hasta los yungas del Período Intermedio Tardío, cuyas poblaciones costeras y vallunas adoptaron el mismo estilo de deformación. Pero de vez en cuando aparecen cráneos braquicefálicos que difieren de los no deformados de Arica y sugieren que el individuo proviene de otras regiones. Queda aun mucho por aprender... 
 
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