Paseo  a Parcohaylla y Timalchaca 
 
La penúltima vez que visité el poblado fue en marzo del 2014, con mi esposa, María Isabel Castro Yévenes y mi hija mayor, Paula Aguirre Aguirre, ambas entusiastas exploradoras a toda prueba. Como es una vía muy atractiva para viajar al Salar de Suriri (mi preferida), relato el viaje en detalle. En un álbum de Facebook se relata nuestro último viaje, en septiembre del año 2015.  
 
El sábado 1-III-2014  viajamos a Codpa para estar presentes en el “tambo” previo a la semana de Carnaval, el cual allí se centra en las festividades que tienen a Ño Carnavalón como personaje central. Algo de ese evento se relata en esta página. Aproveché la ocasión para gozar una vez más de un deliciosa qalaphurka (calapurca, kalapurka, k’alaphurka, kalaphurk’a, etc.). 
 
Kapakpurk’a, una de sus variantes (Saxamar). En esencia es un caldo con diversos niveles de grasa de huesos, conteniendo papas por lo menos y a veces ch’uñu o chuño (papas desecadas) y carne de vacuno y/o pollo, cordero, llama y una preparación de ají. Suele tener maíz sin cutícula, ch’arkhi o charqui (carne desecada y salada) y algo de cebolla. Kala, k’ala o qhala es piedra y phurk’a es “calentada sobre brasas” y es que lo convencional ya en desuso era servirlo después de introducir piedras al rojo en el recipiente. Creo que en todos los lugares donde la he degustado era diferente a la de los otros. Se sirve en las fiestas andinas, ya sea al desayuno tras una noche de libaciones u hoy como almuerzo o cena. La de esta vez en Putre tenía un muy concentrado y sabroso caldo de huesos de vacuno, carne del mismo animal y papas. Como sea, siempre es muy sabrosa, pero extrañé el charki y el maíz
 
y fotografiar a la “Roca del Cóndor” que está en lo alto de la ladera sur, como si vigilara a los codpeños para que no pierdan sus tradiciones. 
 
La Roca del Cóndor.
 
Mi esposa “Pandita” coqueteando con Ño Carnavalón, aun dormido porque “despierta” a las cero horas del 2 de marzo. Los locales dicen que eso es riesgoso porque él podría embarazarla...
 
Tuvimos una enriquecedora conversación con el alcalde de la comuna de Camarones, Iván Romero, en la cual me pidieron aun más colaboración a través de este e-book para potenciar a la comuna. Para eso, inicialmente visitaremos el pukara que hay en Cobija y que me ha sido esquivo (dicen que es como un Machu Picchu chico) y la espectacular Laguna Roja, de difìcil acceso. Pues más viajes pendientes, bienvenidos sean. Pero lo mejor de nuestra estadìa en Codpa fue la visita que le hicimos a la “Princesa de Codpa”, la abuelita Irene (hay un video que muestra nuestra conversación) quien,  aunque casi sorda y ciega a los 96 años, tiene una mente muy lúcida, llena de recuerdos de la historia de Codpa, de los complejos eventos que terminaron por hacer de Arica parte del territorio chileno y además de las vivencias de los estoicos caravaneros de Codpa. Ella ha recorrido muchas veces más que nosotros esas espectaculares, exigientes y en varios tramos muy peligrosas estrechas rutas, desde niña transportada en una angarilla (especie de cesto que colgaba a cada lado del lomo de una mula) y después montando ella a su mula o a su equino preferido, un "macho". La conozco desde hace como 40 años y con mis compañeros jinetes o con mi familia, nunca dejamos de visitarla. Cuando nos acercamos montados a Codpa, ella escucha el sonido de los cascos de la tropa y nos espera en su balcón con bebidas y otros simples bocadillos. 
 
A medianoche acampamos y temprano el domingo iniciamos nuestro viaje. 
 
El viaje a Parcohaylla 
 
Subimos al alto de Codpa y en el extremo oriental de los Altos de Chacaya, desde la ruta A-31 en  Lat. 18º21’16”S, Long. 69º21’47”O, tomamos el camino no pavimentado que se dirige hacia el oriente (inaugurado como tal a fines de 1999) y tras unos 15km más o menos nos detuvimos a saludar a la Catita Apacheta (Lat.18º50'28"S, Long.69º22'51"O), circundada por amontonamientos de piedras más grandes que las de ésta, los que a primera vista representan un ordenamiento que no se entiende. Pues cuentan que los “marchantes”, al hacer su ofrenda a la apacheta, expresaban con esos amontonamientos lo que cuali y cuantitativamente esperaban obtener del trueque de su carga. Los “marchantes” eran bolivianos quienes, hasta hace tal vez medio siglo y siguiendo costumbres de miles de años, bajaban a los valles conduciendo caravanas que portaban lana, ch’arkhi, quinua y otros productos que trocaban por frutas y verduras. Este sector y la apacheta se muestra en un video
 
Apacheta (apachita originalmente) de Vila-Vila (Catita Apacheta para los lugareños).
 
Sólo unos pocos de los amontonamientos de piedras que la circundan.
 
Seguimos hacia el oriente por una vía hoy aceptable, pasando cerca de la ladera sur del temido y legendario cerro Márquez (del Marqués), un complejo de volcanes pre-holocénicos extinguidos (formados hace unos 10 millones de años), que domina a Ticnamar y Timalchaca (al norte), Cobija (al oeste) y Esquiña al sur. Son tres cerros principales: el Tulapalca (4.409m) al noroeste, el Marqués (4.744m) al suroeste y el Margarita (4.917m) al este. Hay huellas transitables entre ellos, de épocas coloniales pero hoy nadie se aventura por esos lares porque allì abundan los pumas, suelen producirse terribles tormentas eléctricas y sobre todo es residencia del Demonio (”Tío”), quien oculta grandes tesoros en plata y oro por los cuales el Cerro pide 14 negros eunucos más algunas vírgenes o 50 rubios y 50 negros según otra versión (se busca información acerca del origen del nombre y voluntarios para ir a agarrar al diablo por la cola). Ya estamos a unos 3.800msnm. 
 
El Marqués visto desde el sur. Creo que siempre ha mirado lascivamente a mi Pandita, pero ella no le teme y más bien cree que nos protege pero la verdad es que me ha ofrecido harto oro por ella pero aun no llegamos a un acuerdo satisfactorio :)
 
Y hay muchos otros cerros hermosos cuya belleza apenas se aprecia en las fotografìas: 
 
 
Y por cierto, no dejaron de hacerse presentes los guanacos: 
 
 
Tras unos 45km desde la Catita Apacheta el camino empalma con la ruta A-319 que asciende desde Timalchaca en Lat. 18°47’S, Long. 69°21.5’O (Umirpa). El camino recorrido hasta Umirpa se muestra con una línea roja destacada en este mapa: 
 
 
En Umirpa viramos al sureste y a un par de kilómetros aparece otra apacheta: 
 
Tula Apacheta. Los lugareños la denominan así por la vegetación tolar de esa pampa (tola y paja brava).
 
Allí, a un poco más de 4.000msnm, nos detuvimos. Con cierta sorpresa vimos, allí y más arriba, a un buen número de vacunos, baguales que se dejan libres y cuando es oportuno se les reune para, supongo, comercializarlos algún día, aunque el terreno no es precisamente apto para criarlos. 
 
 
Pese a la altura, mis hermosas acompañantes se sentían tan bien que no perdieron la oportunidad para chacotear como si estuvieran a nivel del mar: 
 
 
Fue una buena ocasión para que mi esposa le enseñara a mi hija Paula algunos secretos de su nueva cámara fotográfica. 
 
 
Es que había tanta hermosura que fotografiar, como este cactus “compañero de colegio” mío a juzgar por sus canas, 
 
 
pero de pronto un toro las miró feo y prefirieron volver serenamente al vehículo: 
 
 
Continuamos hacia el oriente, con los cerros Ancocariri indicándonos que nos acercábamos a Parcohaylla: 
 
 
y a poco andar, en un sector llamado Macusa, vimos a una señora que buscaba a su rebaño de ovejas. Conversamos un buen rato con ella y nos contó que vivía con su esposo en esa tremenda soledad: 
 
La Sra. Pascuala Loza. Le dejamos una botella de agua mineral y unas naranjas para el largo andar que la esperaba y unos sobres de sopa de caracolitos para cuando volviera a su hogar.
 
Seguimos el viaje y a menos de 5km (70km de camino de tierra desde la ruta A-35) aparece Parcohaylla (Lat. 18º53’S, Long. 69º13’O, 3980msnm): 
 
 
 
Nos detuvimos largo rato en el bofedal para fotografiar a los auquénidos domesticados: 
 
Llamas con muchas crías jóvenes.
 
Tres curiosos jovencitos.
 
Un par de primitas que no
estaban muy contentas con nosotros.
 
Un alpaco intrigado por nuestra presencia.
 
Pero cuando entramos al caserío nos recibió una tierna y cariñosa llamita que insistía en acercársenos: 
 
 
Es peculiar la gente de Parcohaylla: no son tímidos, son amables (siempre los andinos lo son con nosotros, excepto en los lugares que frecuentan los turistas, tal vez porque no son más que eso, intrusos, no parecen humanos), tienen personalidad y son buenos para hablar. Tras la llamita aparecieron dos de los “trecitos no más” (tres) alumnos (son hermanos) de la moderna escuela, contentos de fotografiarse con nosotros: 
 
Diego y Janson y por supuesto, la llamita que insistió en ser parte del evento.
 
No tardaron en ir a buscar a su hermanita menor de cuatro años de edad, con certeza la más linda, encantadora y comunicativa niña que he conocido en nuestro hinterland. De inmediato quiso fotografiarse: 
 
Camila posando coquetamente con mi esposa quien, siendo una profesora muy especial, adora a los niños.
 
Y luego, provistos de unas galletas que les regalamos, nos llevaron a conocer a su madre, Nelly Viza, una mujer de tomo y lomo. Ella estaba preparando el “horno” para una watia (watya o guatia) bien doméstica: sólo carne del animal recién faenado y habas (sin papas, camotes, humitas, etc.): 
 
 
Eran ya las 17 horas y nos insistió varias veces que nos quedáramos a compartir la watia, pero aún faltaban dos horas o más para que estuviera lista y queríamos ir a Timalchaca a saludar a mi amiga Rosa Rosalía Castro, la solitaria pastora de Timalchaca. Nelly se las trae y conversamos largamente. Cuando le describí las watias que hace hartos años solía hacer en mi parcela, me sugirió que hiciéramos otra con ella y su familia en Azapa. Tiene un furgón Mitsubishi Delica con el que recorre por donde sea. Cuando le mencioné la atroz subida a Laguna Roja cuando se pretende llegar a allí desde Parcohaylla, me dijo “todo depende de quién maneja, tiene que conocer a su vehículo y saber tomar las curvas; yo lo hago sin ningún problema”. Pues yo no lo intentaré... 
 
En el lugar habitan sólo tres familias y hay algunos adolescentes. Viven de su ganado y de sus pocas cosechas. Ocasionalmente y sólo a los lugareños les venden unos pocos quesos de cabra. No hablan aymara porque sus padres no quisieron enseñárselo porque era mal visto hace algunos decenios. En definitiva, son muy peculiares y diferentes a otros andinos que hemos conocido. Quedamos mutuamente encantados. 
 
Parcohaylla tiene una peculiar iglesia, dedicada a San José, que es algo atípica pues su torre campanario está adosada a la iglesia en vez de estar algo separada de ella. Se dice que se construyó a fines del siglo XIX o principios del siglo XX. 
 
 
Desde cerca de ella se inician tres senderos ascencentes casi escalonados que llevan a sendos calvarios: 
 
 
Detalle de uno de los calvarios.
 
Con pena nos despedimos porque le debìa una visita a mi amiga pastora de Timalchaca, a quien no veía desde hace varios años. Lamenté tener que despedirme de Camila, aunque recibí iterativos besitos de ella mientras mi esposa nos fotografiaba. No dudo que eso fue genuino e independiente de las galletas que tiene en sus manos. Nicole de Timalchaca (la niña de la portada de este e-book), ya madre de un par de hijos y viviendo casada o bien emparejada en Arica y Camila, son personajes que nunca olvidaré. 
 
Marzo de 2014.
 
Camila en septiembre del año 2015.
 
 
El retorno vía Timalchaca 
 
Nos devolvimos a Umirpa por la ruta A-319 y en vez de virar hacia el occidente por la ruta marcada en rojo,  
 
 
continuamos hacia el noroeste hacia Timalchaca por un camino de tierra mal mantenido pero transitable para un vehículo 4x4. El paisaje seguía dominado por una vegetación tolar 
 
 
pero los cerros eran diferentes. 
 
 
Esta ruta implica volver a acercarse al complejo montañoso del Marqués ya varias veces comentado, pero esta vez por el norte de éste, 
 
 
hasta que nos desviamos 1km hacia el oriente y ya vimos a la parte posterior de la gran iglesia de Timalchaca. 
 
 
 
De inmediato vimos a la única habitante del lugar, la pastora Rosa Rosalía Castro y ese encuentro se relata en la página destinada a Timalchaca. Lo curioso es que mientras conversaba con ella y tal como ocurre siempre, las llamas jóvenes se me acercan más a mí y no a a mi esposa y me mordisqueaban los pantalones. Curioso... 
 
 
Tras nuestra interacción con la pastora, hicimos un alto para una breve merienda a un costado de la iglesia 
 
 
y retornamos a Arica vía Mullipungo, quebrada de Jiphilla y ruta A-31 hasta las Presencias Tutelares y la Carretera Panamericana. Lindo y recomendable viaje a través de cambiantes paisajes... 
 
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