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El Colapso del Mundo Andino: La Más Incomprensible Conquista de la Historia 
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El mundo en el que hoy vivimos y que creemos conocer  es producto de una larga trayectoria cultural caracterizada por la rica y permanente interacción de diversas etnias y civilizaciones a veces muy distantes entre sí, pero que de todos modos tenían la posibilidad de comunicarse, mientras que el de los andinos (y en general el de las civilizaciones de Mesoamérica que culmina con los aztecas) fue un invento a partir de la nada, en un ámbito geológico muy complejo y en general adverso y en medio de un completo aislamiento de otros grupos humanos. 
 
Consecuentemente, el Mundo Andino es producto de un diseño cultural “quimicamente” puro que consiguió una adaptación asombrosamente exitosa a su entorno sin más herramientas de trabajo y culturales que las que ellos mismos —y sólo ellos— pudieron diseñar. 
 
Los americanos llegaron a estas tierras extrañas hace algo más de 13.000 años según los defensores de la más ortodoxa teoría Clovis, o varios miles de años antes según sus opositores, de los cuales Tomás Dillehay es el más consistente, basándose en sus hallazgos en Monte Verde, cerca de Puerto Montt. Como sea, no eran por entonces más que bandas de cazadores-recolectores nómadas que no soñaban siquiera con la agricultura ni poseían más armas que lanzas y estólicas (lanza-dardos) (fotos) ni más bienes materiales que las pieles que los protegían y lo que fuera necesario para sobrevivir en el clima ártico siberiano. Culturalmente, no eran más ni menos que las otras bandas del resto del mundo y por supuesto que ni sospechaban que se estaban mudando a un continente que haría que el futuro fuera muy diferente para ellos. Muy rápidamente se extendieron por todo el territorio americano, provisto de una gran diversidad de entornos ecológicos, en cada uno de los cuales sus ocupantes tuvieron que inventar de la nada la parafernalia y el estilo de vida que les permitiera sobrevivir. 
 
Para identificar de inmediato el principal factor que será el responsable de la gran diferencia tecnológica que se hizo evidente cuando debieron enfrentarse a los occidentales, los primeros americanos llegaron cazando a los grandes animales de la época, pero pronto los vieron extinguirse a consecuencias de la caza y tal vez los cambios climáticos que trajo el advenimiento del último período geológico del planeta: el Holoceno. A los habitantes de las alturas altiplánicas no les quedó nada con qué alimentarse más que aves, roedores y auquénidos y los últimos nunca estuvieron disponibles para los americanos ajenos al territorio andino. 
 
Algunos sudamericanos se quedaron en las selvas de las tierras bajas y otros no tardaron en aprender a pescar y mariscar y se instalaron en lugares específicos de la costa del sur del Perú y vecindario de Arica. Los altiplánicos, inicialmente domesticados por los auquénidos en el sentido de que tuvieron que adoptar el estilo de vida trashumante de éstos cuando aún eran presas de caza, consiguen convertirlos en animales domésticos a partir de unos 5.000 años atrás e “inventan” la agricultura basada en cultivos desconocidos para el resto del mundo: las papas y la quinua, que era lo único que se podía cultivar en esas tierras de extrema altitud, sol ardiente y fríos glaciares, desprovistas de árboles. 
 
El Mundo Andino que conocería el resto del planeta, con unos 10 millones de habitantes, sería destruido en un dos por tres por 62 jinetes y 106 infantes españoles, muy pocos de ellos algo más que rufianes, al mando de Francisco Pizarro, un desalmado e iletrado aventurero. En 1532 capturó a Atahualpa en medio de su ejército de 50 a 80.000 hombres, muchos de ellos experimentados guerreros veteranos de la interminable campaña en el territorio selvático al norte de Quito. La hazaña de Hernán Cortés en Méjico (1521), casualmente primo lejano y en algún momento consejero de Pizarro, seguramente tuvo mucha influencia en la gestión de la audaz y traicionera maniobra de Pizarro. El resto de esta página intentará explicar cómo pudo suceder tamaña incongruencia. 
 
 
Explicando el Fracaso Andino 
 
Karl Jaspers, cuyo libro “Origen y Meta de la Historia” nos sirvió de guia para explorar en profundidad las diferencias entre el Mundo Andino y el que nosotros conocemos como natural, dice que las culturas americanas (Inca y Azteca) se disolvieran al más leve contacto con la cultura “civilizada”. Eso es obvio, pero en seguida se equivoca al afirmar que esto se debió a que eran sociedades primitivas, que no habían pasado por lo que llama el Tiempo-Eje de la Historia, después del cual aparece la espiritualidad que hoy creemos normal en la humanidad. Lo último es cierto, pero se equivoca cuando le atribuye el colapso del Mundo Andino. Las razones de éste fueron mucho más básicas y el Mundo Andino, como ya explicamos en el artículo en referencia, era distinto, su tecnología era inferior, pero de ninguna manera era “primitivo”. 
 
¿Era la andina una sociedad “primitiva”? 
Si el estado “primitivo” es el antecedente de la “civilización”, implicando que los andinos estaban en una etapa previa a un desarrollo que con el tiempo transformaría a los americanos en occidentales, por lo menos en cuanto a espiritualidad, la respuesta es un gran NO. Ellos simplemente siguieron una rama colateral de la evolución cultural, absolutamente auténtica, basada en el mito y el interés colectivo en vez del individualismo competitivo. 
 
Otros aborígenes americanos eran primitivos, como los mapuches y similares, pues no pasaron más allá del estado más primario de las organizaciones humanas: la banda, casi (énfasis en el casi, pues no son enteramente comparables) al mismo nivel de desarrollo que nuestros Chinchorros. Aunque merecen todo el respeto que quisiéramos para todas las etnias originales, los mapuches eran inicialmente sólo bandas que atravesaron los Andes y trataron de hacer su vida como podían en los bosques del sur y luego adoptaron una organización sociopolítica más bien laxa. Su misma condición de indomables que alabó Ercilla se basa precisamente en su primitivismo. Si piensa un poco verá que las sociedades estructuradas como los Mayas, Aztecas, Tiwanaku, Wari, Incas y otras del resto del mundo, colapsan fácilmente cuando cambian las condiciones básicas, precisamente porque requieren de un orden colectivo. Las bandas en cambio, no tienen una estructura social consistente y pueden sobrevivir gracias a su primitivismo. Si un puñado de españoles destruyeron a los Aztecas y luego a los Incas, las guerras con los araucanos y la de los EEUU con los siux y otras tribus laxamente estructuradas costaron miles de vidas de ambos bandos.  
 
Sin embargo, si bien en el mundo andino persistieron algunas estructuras sociales primitivas (urus en el lago Titikaka y otras dispersas que los aymaras designaban genéricamente como ch’uqila), hace unos 3.000 a 3.500 años en las riberas del Titikaka y en el norte del Perú aparecen organizaciones sociales de tal complejidad que ni siquiera la soñaron los araucanos (Pukara, luego Chiripa y Wankarani y Chavin), con ciudades, templos, arte y creencias religiosas sofisticadas, aunque las religiones fueran míticas. 
 
Los Wari son un tanto parecidos a los occidentales en cuanto a su despotismo y tendencia etnocida, pero se instalan en medio de culturas tan refinadas (por lo menos en lo artístico, para resaltar un parámetro que nuestros "cultos" occidentales puedan reconocer) como la de los Moche y terminan casi como "dando un ejemplo" de estilo al ulterior y más razonable imperio incaico, tal como (haciendo una extrema abstracción una vez más), los griegos inspiraron a los romanos.  
 
Pero los altiplánicos, en particular la evolución cultural que culmina con Tiwanaku, aglutinan a la gente más por la influencia religiosa (cultural) y tecnológica que por las armas y a su vez, para subsistir, deben formar comunidades desprovistas de la individualidad de los verdaderamente primitivos, sometidas al interés comunitario como caricaturescamente podrían ser las hormigas para la colonia. En su magro ámbito ecológico, el respeto a la Pachamama era más que una ideología, una necesidad para sobrevivir. Supongo que no hubo en el mundo una organización social más respetuosa de la ecología que la de los andinos. 
 
Piense sólo en las estructuras arquitectónicas de Chavin de Huantar, el arte de Paracas-Nazca y luego el Kalassaya de los tiwanakotas, la grandiosa ciudad de Chan Chan de los Chimu y lo más obvio, lo que dejaron los incas y verá que es absolutamente imposible agrupar a los "indios" del centro-oeste sudamericano con las bandas dispersas por el sur de Chile. ¡Hace más de 2.000 años en Paracas se practicaban trepanaciones del cráneo no siempre fatales! Hace unos 500 años, algunos caciques mapuches encerraban a un prisionero de la misma etnia en una jaula para engordarlo antes de comérselo...  
 
Arica, que no es chilena en esencia (histórica), recibió los beneficios de la cultura andina y hace unos 3.000 años se produce la transición del estilo de vida de las bandas al de las villas con un cierto orden que debía respetarse (Fase Azapa, Faldas del Morro, El Laucho, culminando en Alto Ramírez), bajo la influencia de los peruanos costeros (etapa Proto-Nazca) y luego del altiplano. Aunque aqui no hubo grandes templos, hay un orden evidente si se toma en cuenta lo que fue el pukara de San Lorenzo en Azapa, el poblado del Cerro Sombrero y las numerosas villas fortificadas de la precordillera. Imposible llevar agua de una cuenca hidrológica a otra (Socoroma) sin un orden social estricto y obediencia a los intereses comunitarios, para sólo poner un ejemplo entre muchos. Mientras tanto, los mapuches recogían los piñones que caían de las araucarias y vivían en chozas de material perecible, dirigidos en períodos de crisis bélicas por quien más tiempo aguantaba un tronco sobre sus hombros. En contraste, la alcurnia gobernante del Mundo Andino no dependía tanto de la capacidad física, como lo demuestran los restos del grandioso Señor de Sipán de Lambayeque (moche-chimú, para simplificar).  
 
Lo que quiero decir es que aqui hubo una civilización, sin escritura basada en grafemas y ni rueda, pero ciertamente tan estructurada como Grecia o Roma. Claro que no hubo filósofos, porque precisamente los andinos no incorporaron (¿aceptaron?) la individualidad. Allí precisamente se me produce un quiebre con las ideas de Jaspers, quien parece que poco sabía de los andinos. Los andinos gestaron una sociedad estable, organizada, donde la comunidad primaba hasta el punto de suprimir el individualismo de una forma que nosotros no toleraríamos. Era un orden consumado, no una etapa primitiva que con el tiempo llegaría a adoptar nuestros principios individualistas y depredadores. 
 
Cabe dar alguna explicación a la menos eficiente tecnología guerrera de los americanos. Toda la historia del occidente es una larga sucesión de guerras, muchas de ellas con afanes de aniquilación del enemigo. En el Mundo Andino en cambio, las guerras perseguian afanes de conquista y sometimiento y para eso las armas no debían ser necesariamente letales. Bastaba derrotar al enemigo para que se sometiera al orden jerárquico del vencedor, aceptara al menos parcialmente a sus dioses y accediera a entregar parte de su producción, trabajo y hombres para hacerlo más poderoso. Los mismos peones-guerreros que antes eran enemigos, volvían a sus tierras a producir y/o podían servir para las ulteriores guerras del vencedor, por lo que no convenía aniquilarlos. Por lo demás, no todas las conquistas de territorios eran producto de guerras: los altiplánicos de antes y durante el Tiwanaku no llegaron a Moquegua y Arica matando gente, sino convenciéndola a través de su superior cultura. Los grandes imperios que dieron al Mundo Andino la esencia de su identidad definitiva, Wari y Tiwanaku, jamás se involucraron en una guerra total. Los primeros impidieron el acceso de los segundos a los terrenos agrícolas del norte y circa 650 d.C., en Moquegua, establecieron un límite fronterizo con fortificaciones en el Cerro Baúl (foto), en la misma cuenca del río Osmore donde ya estaba el asentamiento tiwanakota de Omo, carente de estructuras defensivas. La población del Cerro Baúl se alimentada con el producto de terrazas agrícolas (no utilizaron las tierras fértiles del talweg del valle) regadas por aguas captadas aguas arriba de las fuentes de Omo, lo que no debió ser del agrado de éstos. Tal vez hubo inicialmente confrontaciones entre éstos, pero parece que finalmente establecieron una relación pacífica pues con posterioridad aparece un templete y unos pocos asentamientos Omo sin estructuras defensivas en las vecindades del Cerro Baúl. 
 
Por otra parte, los aztecas eran entusiastas guerreros que, hasta la llegada de los españoles, luchaban casi deportivamente con sus vecinos. El propósito no era matar al contrincante sino capturarlo para las sangrientas ceremonias de sacrificios y gloria del captor. La calidad de un guerrero no se evaluaba por el número de muertes, sino por el prestigio guerrero y alcurnia de sus prisioneros. 
 
Ahora bien, que la "civilización" desestructuró de tal manera al Mundo Andino que algunas unidades sociales de quechuas y aymaras actuales actúan hoy como casi-bandas fuera del contexto del interés de la etnia, es un hecho y es consecuencia del violento fin de su mundo y el desencanto con el ideal "civilizado". El ayllu se atomiza en familias amplias que deben procurar recursos comerciables; luego el grupo se reduce a la familia nuclear que entra en competencia y conflicto con otras con quienes antes habría constituido una unidad sólida e indispensable cuando no existía el dinero ni la promesa del ocio celestial. El andino se transforma entonces en un "indio" que ni siquiera entiende su historia. Ese es el favor que en Arica le hicimos los chilenos al forzarlos a aceptar una identidad que no comprenden y que sólo resultó gracias al estado atónito en que quedó el Mundo Andino a consecuencias de la cruel y prepotente catequización colonial. No puede juzgarse el pasado de estas asombrosas civilizaciones por la situación actual de los quechuas y aymaras. 
 
Aritmética andina 
Los españoles y caucásicos peruanos, bolivianos y chilenos hemos destruido a una civilización que no podíamos comprender, pero que estaba lejos de ser primitiva y para confirmarlo sólo pondré un ejemplo. Muchas sociedades realmente primitivas tuvieron el tiempo libre y el interés por adquirir asombrosos conocimientos de astronomía, y los andinos no fueron una excepción. Pero aqui se llegó más lejos. Con toda naturalidad los andinos utilizaban en sus registros numéricos (khipus) el Principio de Posición para los números, en el cual un 5 vale 5, 50, 500, etc., según su posición en la expresión numérica. Este evolucionado concepto matemático es de adquisición muy tardía y sólo fue descubierto pocas veces, empezando en Babilonia en el segundo milenio a.C., luego en China hace unos 2.000 años y en la primera mitad del primer milenio d.C. por los mayas y luego en la India. Nótese, por ejemplo, que los romanos utilizaban un engorroso sistema de anotación por la ausencia de este concepto: 1.999 se escribía como MCMXCIX y la sola adición de una unidad transformaba la expresión a MM. Trate de sumar MCMXCIX más MM y se dará cuenta cuán primitivo era el sistema de ellos, si bien ya habían traspasado el Tiempo-Eje de Jaspers. 
 
El Principio de Posición llevó a la invención del cero, primero como una ausencia en una posición numérica para los babilonios, mayas y andinos. El cero sólo pasó a ser un número más, como hoy lo comprendemos (implicando "nada" como en 10 menos 10 en vez de un mero "vacío"), en la India y los chinos sólo lo copiaron ulteriormente. En definitiva, quienes aún creen que los andinos eran "primitivos" tropiezan con el hecho de que, en cuanto a aritmética y dada la inmensa trascendencia del Principio de Posición y del cero, éstos superaron a todas las grandes civilizaciones con la excepción de los babilonios y mayas y sólo fueron superados por los hindúes. Más aún, los andinos utilizaban un sistema numérico decimal (base 10) como el nuestro, mientras que los babilonios y mayas utilizaban una base 60 y 20 respectivamente. En otra sección se profundiza el tema de la matemática de los andinos
 
Factores Involucrados en la Derrota Andina 
Cuando los andinos llegaron al altiplano a fines de la última Edad del Hielo, en todo el mundo la humanidad era primitiva, en el sentido de que las bandas eran la máxima expresión de organización social. Allí comienza la evolución divergente de los dos mundos por una razón muy obvia, tanto que la comprendí a medias siendo un adulto muy joven, cuando leí “La Trame Géologique de L’Histoire“ de Henry y Genèvieve Ternier (Masson et Cie., París), un libro escrito con simpleza que, aunque apenas menciona a los andinos, explica con claridad cómo las organizaciones humanas dependen, más que de la voluntad de éstas, del entorno físico donde eligen vivir. 
 
El ejemplo más espectacular es el de los aborígenes de Australia y Nueva Guinea, quienes llegaron a la época moderna en estado primitivo ¿Serían más tontos que los “civilizados”? Su historia demuestra precisamente lo contrario. Una vez que llegaron a esas tierras, el acondicionamiento geológico los llevó al nivel cultural que conocemos, pero quienes llegaron estaban tecnológicamente más avanzados que los que después se “civilizaron” en tierra firme. Las primeras embarcaciones confiables de los “civilizados” aparecen en el Mediterráneo hace unos 13.000 años, ¡¡30-40.000 años después de que los colonizadores de esas islas-continentes navegaran hacia su destino!! Y eso no fue casualidad, pues siguieron expandiéndose hacia otras islas vecinas o lejanas más de 20.000 años antes de que los mediterráneos aprendieran a navegar. ¿Entonces, cómo es que no progresaron como sus parientes de tierra firme? Una explicación es que, como cazadores que eran —al igual que todo el mundo por entonces— el aislamiento de su territorio permitió la rápida extinción de la megafauna que allí existía, tal como ocurrió en los Andes decenas de miles de años después. Como veremos, la existencia de animales grandes domesticables es un factor de extrema importancia para el progreso cultural. 
 
Quien puso el punto sobre las íes en la materia que nos preocupa es Jared Diamond, un Profesor de Fisiología de la Escuela de Medicina de la Universidad de California de Los Angeles, quien recibió el Premio Pulitzer en los EEUU por su libro “Guns, Germs and Steel” (W.W. Norton & Co., 1997, New York, London). Ese será nuestro libro guia para lo que sigue. 
 
La Trama Geológica de la Historia 
 
Geografía y expansión de especies biológicas 
Para decirlo de una vez, en el planeta Tierra las bandas o tribus  que ocupan un vasto territorio cuyo eje mayor corre en el sentido de las longitudes (de este a oeste o viceversa) no pueden tener la misma evolución que aquellas cuyo eje mayor atraviesa latitudes (de norte a sur y viceversa). La razón es simple: extensión horizontal como en Europa más Asia implica territorios que tienen la misma declinación solar en los mismos períodos del año y consecuentemente, climas similares en términos generales, aunque factores locales como altitud, vientos estacionales (monzones por ejemplo) y otros pueden determinar excepciones focales. Esto facilita enormemente las migraciones humanas y de especies animales y vegetales. Lo contrario sucede con África y América, con la diferencia de que la primera sí permaneció en estado primitivo, mientras en Mesoamérica y en el Territorio Andino se desarrollaron civilizaciones complejas (mapa). 
 
La comunicación entre Mayas y luego Aztecas de Mesoamérica con los andinos no se estableció en términos significativos pese a mediar una distancia de sólo 2.000km  (mapa). Queda fuera del ámbito de este artículo explicar porqué unos u otros no organizaron expediciones organizadas, lo que significó que ni la rueda ni la escritura en base a grafemas —inventados por los mesoamericanos en forma independiente de Eurasia— llegaran a los Andes. Por lo demás, ¿de qué les servía la rueda a los mesoamericanos si no tenían animales de tiro y ni siquiera llamas? En contraste, en Eurasia la rueda aparece hace unos 5.500 años en el vecindario del Mar Negro y unos pocos siglos después se le utilizaba en casi toda Europa y Asia y no tardaron en asociarla al caballo. 
 
Hay que hacer notar que la primera prioridad de los grupos humanos es el alimento y éstos no podían pasar de Mesoamérica a los Andes por la barrera tropical, húmeda y pestilente de Centroamérica. Esta barrera biológica explica en gran medida el poco interés en establecer relaciones. Algunos adelantos sí se compartieron, como la metalurgia, iniciada en los Andes, pero los mesoamericanos nunca vieron a una llama ni a un cuy y en consecuencia no tuvieron más animales domésticos comestibles de cierto tamaño que los perros y pavos. Ni siquiera la papa pudo migrar al norte, donde había tierras apropiadas para su cultivo. En cuanto al maíz, ampliamente utilizado en las dos Américas, éste tiene una evolución compleja que involucra a ambos continentes americanos y cuyos detalles no repetiremos. 
 
Otras especies vegetales comestibles como las habas, porotos y ají, fueron domesticados independientemente en Meso y Sudamérica. Si hubiera habido una comunicación fácil entre ambos territorios no habría ocurrido esta dualidad. Para poner un ejemplo, a comienzos de la Era Cristiana los mismos cereales que aparecieron en el Arco Fértil de Mesopotamia (un espacio que se extiende desde el Mediterráneo hasta el Golfo Pérsico, pasando por los valles del Tigris y el Eufrates) se cultivaban desde la costa atlántica de Irlanda hasta Japón en el Pacífico, cubriendo la más vasta distancia continental del planeta, más de 12.000km. 
 
Por cierto, no todo tiene una explicación fácil, pues hay factores biológicos involucrados. Algunos vegetales andinos sí llegaron a Mesoamérica, como el maní, la yuca (foto) y el camote. Allá y aqui había especies emparentadas con la quinua (y también en el sur de Chile), lo que sugiere un muy temprano origen, pero no se cultivaban las mismas especies o variantes, una señal más de incomunicación. 
 
El tomate merece una mención especial: oriundo del territorio andino costero, su variedad silvestre pasó la barrera climática y fue domesticado y formó parte de la dieta de aztecas (”xitomatl”) y de tribus más primitivas de América Central (“tomati”). Pero, demostrando una vez más el nivel de incomunicación, no lo cultivaban los andinos. 
 
Contrasta con la situación descrita lo que ocurrió en Eurasia, donde los avances agrícolas de una región se extendían rápidamente a lo largo de un vasto territorio ocupado por etnias muy distintas. Los romanos por ejemplo, aunque incapaces de la abstracción aritmética de los andinos, consumían trigo, cebada, mijo, arroz, membrillos, damascos, duraznos, comino, pepino, sésamo, cítricos, etc., originarios del Arco Fértil de Mesopotamia, el Cáucaso entre el Mar Negro y el Mar Caspio, Asia Central, India y China. Sus manzanas, oriundas de Europa, se cultivaban con técnicas de injerto provenientes de China. Sólo la avena era oriunda de Italia... 
 
Geografía y animales útiles 
Mientras se es un cazador-recolector, se juega un rol depredador que agota los recursos alimentarios del lugar y es necesario trasladarse a otro. Si el número de humanos aumenta y/o la caza escasa, hay que empezar a producir alimentos, porque los vegetales que ofrece la naturaleza en forma espontánea son insuficientes. Producir alimentos implica sedentariedad para ejercer una agricultura eficiente y domesticar animales. Eso comenzó hace algo más de 12.000 años en el Arco Fértil de Mesopotamia y 5.000 años después en los Andes (¿porqué?) y otorgó a los primeros una inalcanzable ventaja en términos de poder destructivo (¿cómo?), que pronto compartirían con el resto de “su  territorio”: toda Eurasia y parte del norte de África. 
 
¿Porqué allá empezaron antes? Pues cuesta y duele pasar de cazador-recolector a agricultor. La agricultura implica una cierta esclavitud impuesta por una labor más esforzada y menos atractiva que la caza. 
 
Si ésta abunda, los cazadores son más sanos y están mejor alimentados que los agricultores primitivos. Pues allá la caza se hizo más difícil y por una afortunada coincidencia había abundancia de especies vegetales aptas para cultivo (y ulterior diseminación de éstos en un vasto territorio) y animales grandes para domesticar, mientras que acá en los Andes los benditos auquénidos eran fáciles presas de caza y su cíclica trashumancia desincentiva el sedentarismo. De haberlo sabido, hace unos 10.000 años los andinos habrían tenido lástima de los mesopotámicos. Pero todo tiene un fin para los humanos depredadores, porque nuestra especie tiene una incontrolable tendencia a la sobrepoblación. 
 
Cuando los andinos empezaron a producir alimentos se encontraron con pocas especies vegetales apropiadas, menos animales que domesticar y la población humana era numéricamente inferior y con la paradojal desventaja de no estar tan hacinada. 
 
Diamond propone que para que convenga domesticar a un animal para usarlo como alimento o bestia de carga o tiro, éste debe pesar unos 30kg o más. En Eurasia había 72 candidatos y en las Américas 24. Sin contar al perro, que se domesticó hace unos 12.000 años en China y Norteamérica, aqui sólo se domesticaron los camélidos hace algo más de 5.000 años (y ocasionalmente al tapir, utilizado para transportar carga en algunos lugares de la selva oriental) y allá 13 especies, entre ellas las ovejas, cabras, cerdos y vacas hace 10.000 años y el caballo, burro y búfalo de agua poco antes que nuestros auquénidos. 
 
Nunca hubo un animal de tiro que ayudara en las faenas sedentarias en las Américas, pero pueden contarse varios en Eurasia. Por eso es que la rueda inventada por los mesoamericanos no se usó más que en juguetes, mientras que los caballos y carros con ruedas de los Hicsos arrasaron con el Antiguo Imperio de Egipto hace algo más de 3.500 años, cuando nuestras afortunadas poblaciones costeras en Arica, bendecidas por la riqueza de nuestro mar y benignidad del clima, recién iniciaban una agricultura incipiente. 
 
No es que fuéramos más tontos o flojos, sino que por entonces nuestra vida era más fácil. Se nos hizo comparativamente más difícil cuando tuvimos que empezar a producir. Empezamos más tarde y con menos animales y agrupaciones urbanas más pequeñas. La “mala suerte” de los mesopotámicos produjo poblaciones más abundantes y hacinadas, con una mayor variedad de animales conviviendo con ellos gracias a una mayor cantidad y calidad de alimentos vegetales. Tantas especies juntas y el hacinamiento produce un problema que se transformó en ventaja cuando ambos mundos se enfrentaron: la emergencia de microbios patógenos capaces de causar epidemias. 
 
Muchos de ellos —la viruela, paperas, tuberculosis, malaria, cólera e influenza por ejemplo— provienen de mutaciones de microbios de animales. En términos teleológicos para facilitar el argumento, a los microbios no les conviene ser demasiado agresivos y matar a toda la población, porque se quedarían sin víctimas para perpetuarse. Por miles de años éstos causaron epidemias de elevada mortalidad, pero dejando algunos sobrevivientes inmunes. La evidencia demuestra que los microbios “aprenden” paulatinamente a convivir con las víctimas humanas causando daños cada vez menores a lo largo del tiempo. Un buen ejemplo era la TBC antes de que los antibióticos obligaran a los bacilos a “redefinirse”: poco afectaba a los caucásicos hace unos 50 años, pero producía estragos en nuestra población indígena, con sólo unos cientos de años de interacción con el bacilo. Así, los euroasiáticos llegaron a ser más resistentes a sus patógenos, mientras nuestra “afortunada” población andina nada sabía de epidemias porque sólo convivían con las llamas, alpacas, cuyes y perros. Eso explica el “¿cómo?” que planteamos cuando mencionamos el poder destructivo que adquirieron los euroasiáticos por verse obligados a producir alimentos antes que nosotros. 
 
Poderío y objetivos militares 
 
El individualismo que llevó a y/o produjo el Tiempo-Eje de Jaspers, la vastedad del territorio euroasiático que permitía la existencia de grupos étnicos sin la relación de complementariedad que caracterizó al Mundo Andino y la sobrepoblación producto de la suerte de contar con variados productos agrícolas, animales domésticos y bestias de tiro, más la formidable utilidad de los caballos, impulsó guerras destructivas. Mientras los hicsos hubieran querido eliminar a todos los egipcios para quedarse con las fértiles tierras bajas del Nilo, los tiwanakotas, waris e incas no querían las tierras, sino sus excedentes productivos. Los euroasiáticos guerreaban para aniquilar; los andinos para dominar. Obviamente, esto determinó el tipo de armas que se desarrollaron. A los andinos sólo les interesaba dejar fuera de combate a su enemigo para que éste, sometido, les produjera bienes. 
 
Saltémonos varios miles de años y vamos al momento en que ambos mundos se enfrentan. Para evitar una larga disquisición, acordemos que los andinos no necesitaron inventar la pólvora (por lo demás, tampoco lo hicieron los españoles: simplemente la incorporaron gracias a las amplias posibilidades que Eurasia ofrecía para difundir los adelantos tecnológicos) ni otras armas poderosas. 
 
Recomiendo la lectura de un interesante artículo de Ernesto Ponce, que compara con argumentos matemáticos el poder destructivo de las armas de puño de los españoles con la de los incas (Revista Chungara 34,2;2002). De allí aprendí que la espada toledana era capaz de infligir una estocada de dirección horizontal, con alto poder de penetración en el tronco del enemigo, a una distancia de 1m más la longitud del brazo del espadachín. El soldado inca, en contraste, debía alzar su brazo armado con una macana (maza) (foto) para tratar de golpear la cabeza del enemigo en un movimiento descendiente. A diferencia de los enemigos andinos que usaban cascos de madera o fibras vegetales, el soldado español usaba un casco de metal que le protegía del golpe, además de que en el momento en que el indígena preparaba su ataque cuando quería dar un golpe más destructivo sobre la cabeza, dejaba su tórax y vientre expuesto a la estocada de mayor alcance. Como la intención de los incas no era matar, en sus batallas con otros andinos primero golpeaban las piernas para que cayera el enemigo y luego lo aturdían con un golpe en la cabeza. Simplemente, los andinos no estaban preparados para una guerra de exterminio, en la cual los españoles tenían vasta experiencia. Por lo mismo, el soldado español iba al conflicto armado y protegido por unos 4kg de acero, mientras todo el metal que portaba un andino era el medio kilo de cobre del elemento contundente de la macana, estrellada pero de puntas romas. 
 
El poder de las armas que utiliza una población aislada como la andina depende del propósito de la guerra más que de las posibilidades de incrementar su poder destructivo. Un buen ejemplo, citado por Diamond, es la desaparición de las armas de fuego en Japón, donde se introdujeron en 1543 y luego se mejoraron de tal manera que en 1600 ya eran mejores que las de otras partes del mundo. Pero con ellas cualquier paisano podía aniquilar a los ceremoniosos samurai, para quienes la lucha con arma blanca era un ritual vinculado con su honor y como controlaban el gobierno, prácticamente hicieron desaparecer a las armas de fuego. Su aislamiento les permitía continuar su estilo guerrero con armas menos letales. También los polinesios decidieron no utilizar el arco y flecha en sus guerras. En consecuencia, los andinos tenían las armas que necesitaban y no las de mayor poder destructivo que hubieran podido inventar. Eso no es primitivismo, sino un estilo de vida que nuestra depredadora individualidad y afán de acumulación de poder y riqueza no nos permite comprender. 
 
Pero la caballería, las armas de fuego y la espada toledana fueron juguetes en comparación con la principal arma destructiva de los conquistadores: la guerra biológica, casual o deliberada. En todas las Américas, las epidemias arrasaron con la población nativa, inmunológicamente virgen ante los patógenos que por milenios habían aprendido a vivir con los del otro mundo. La población nativa de América cuando llegó Colón, unos 20 millones, se había reducido a un 5% de esa cifra un par de siglos después. La única arma biológica con la que contaban los americanos eran ciertas formas de trepanomatosis no venérea (como el pián y la sífilis endémica, transmitidas por contacto directo sobre la piel o mucosas), mientras los españoles disponían de un vasto bagaje. Si  la sífilis venérea —como suele afirmarse— fue la venganza de los americanos que la expedición de Cristóbal Colón habría transportado a Europa hace algo más de 500 años, no está bien claro. La evidencia arqueológica demuestra la existencia de esqueletos precolombinos con las típicas lesiones óseas en América, pero también en el sur de Inglaterra de hace unos 1.300 años. El problema es que éstas pudieron haber sido producidas por otras trepanomatosis no venéreas. El origen de la sífilis venérea no está claro, pero aun si fuera americano, causa estragos en forma muy tardía, por lo que no es una tan buena arma biológica a corto plazo como lo fueron las epidemias importadas por los europeos. Para los americanos, los dioses de los invasores debían parecer más poderosos que los propios, pues a los primeros los habían dotado de tan eficiente medio de exterminio. 
 
Si los españoles lograron vencer a los aztecas después del fallido ataque de 1520, fue gracias a la epidemia de viruela que apareció ese año en Méjico. El arma biológica les abrió camino, a veces exterminando a las poblaciones de indígenas antes del enfrentamiento físico, como ocurrió con los indígenas del Mississippi antes que llegara Hernando de Soto. Huayna Capac, el padre de Atahualpa y Huascar, falleció de la viruela que apareció en 1526, introducida por uno de los fracasados intentos de Pizarro por llegar al Perú, antes de su tercer y exitoso intento en 1531. Su muerte creó el disturbio político que facilitó la conquista y la persistencia de la epidemia le facilitó su consolidación. 
 
 
Concluyendo 
 
En definitiva, ¿porqué los andinos fueron tan fácil presa de los europeos? Porque ellos eran más poderosos. Si eran más o menos “civilizados” por haber traspasado el Tiempo-Eje de Jaspers es discutible, pues ambas eran muy diferentes versiones de lo que es civilización, ambas producto del entorno geomorfológico donde se desarrollaron. 
 
¿Y porqué eran más poderosos? Porque eran consecuencia de la aventura cultural que se inició en el Arco Fértil de Mesopotamia, inusualmente rico en material biológico favorable para la agricultura y la domesticación de animales grandes y parte del territorio de mayor extensión horizontal del planeta. 
 
En palabras de Jared Diamond, a quien pertenece parte de los argumentos que he presentado, “la gente del Arco Fértil domesticó a las plantas locales mucho antes. Domesticaron a muchas más especies, domesticaron muchas más especies productivas o valiosas, domesticaron un abanico mucho más amplio de tipos de cosechas, desarrollaron la producción intensiva de alimentos y una densa población humana más rápidamente y como consecuencia entraron al mundo moderno con una tecnología más avanzada, una organización política más compleja y más enfermedades epidémicas para infectar a otras poblaciones”. 
 
Todo eso, porque se vieron obligados a hacerlo antes que los andinos, tuvieron la suerte de disponer del material biológico y por casualidad  los favoreció el continente. Nada que ver con la inteligencia, el desarrollo cultural acorde con el entorno y el empeño. Tal vez, si nuestra megafauna no se hubiera extinguido, los americanos habríamos arrasado con Europa... 
 
 
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